Mosaico de las Metamorfosis

Mosaico de las Metamorfosis

viernes, 10 de octubre de 2014

Canes villatici, perros guardianes y de caza en la villa romana


El perro ha acompañado desde tiempos inmemoriales al hombre durante la caza. En el arte Mesopotámico, Egipcio, Griego y Romano hay muestras de cómo los perros acompañaban a sus amos en las tareas cinegéticas y cotidianas.  Los griegos utilizaban a los perros para perseguir las presas y llevarlas hasta las redes donde las arrinconaban y los cazadores las apresaban.
“Afirma Jenofonte que todas las liebres que son atrapadas por los perros lo son a pesar de su constitución tísica y por azar. Si él hubiera conocido los perros de la Galia, me parece que es de estos perros de los que hubiese hablado en tales términos y hubiera dicho: todas las veces que los perros no cazan una liebre a la carrera es a pesar de su constitución física o por azar, ya que a estos perros, una liebre nunca se les escaparía a menos que el terreno ofrezca algún obstáculo, que un bosque oculte a su presa, que desaparezcan en un agujero o no protegiesen su fuga bordeando el fondo de un barranco. La ignorancia de esta casta de perros explica por qué Jenofonte, cuando habla de perros que persiguen a la liebre, describe el arte de empujarla hacia redes y trampas y, si las esquiva, seguir sus huellas hasta el momento en que, agotada por la fatiga, renuncie a huir. Jenofonte se contenta, en efecto, con exponer la caza tal como la practican los carios y los cretenses.” (Arriano)

Relieve asirio con perro de caza

Los romanos denominaban a los perros de caza venatici y los dividían según la clase de cacería para la que estaban predestinados. Los sagaces eran los que se usaban para seguir los rastros de las presas (sabuesos). Entre ellos estaban los perros Umbros, Carios y Cretenses. Opiano describe un tipo de perro, el Agassaeus, de origen Británico, como de tamaño pequeño, pero fuerte y muy afamado por su capacidad olfativa para  encontrar  la presa siguiendo el rastro por el olor dejado en tierra y en el aire.
 Los celeres eran los perros veloces usados para la persecución de las presas. Para la caza de la liebre se usaba el lebrel (canis Vertragus) apreciado por su velocidad.



 Y los pugnaces,  entre los cuales destacan los de Anatolia, Acarnania y los famosos Molosos, usados para atacar a las desdichadas presas, sobre todo, osos, jabalíes y fieras salvajes.
En este fragmento de la obra de Séneca, Hipólito hace recomendaciones a los cazadores sobre cómo dirigir a los perros de caza, mientras vemos las razas de perro que intervienen en la partida.
“Pero vosotros a los perros callados
Dejad las riendas flojas; retengan al ardiente
Moloso las correas y el luchador
De Creta tense las fuertes ataduras
Con su cuello gastado
Y al Espartano, un tipo de animal
Audaz y ansioso, ¡mucho cuidado!, átalo más corto;
Vendrá el momento en que con los ladridos
Resonarán los huecos de las rocas.
Ahora, sueltos con su sagaz olfato
Husmear la brisa, y con su hocico en tierra
Busquen las huellas, mientras la luz no es clave,
Mientras la tierra llena de rocío
Mantiene impresa la señal de los pies. (Séneca, Fedra, act. I)


Detalle del Mosaico de la caza, Piazza Armerina, Sicilia (Foto de Aidan Mcrae Thomson)

Los perros pastores, pastorales, se destinaban al cuidado y transporte de los ganados. Defendían el ganado de los depredadores que acechaban por los caminos, campos y bosques. Los villatici eran los perros destinados a la custodia de casas, villas  o talleres avisando si aparecían extraños. Según los escritores agrícolas el perro de guardar el ganado, en establo o en pastoreo, no debía ser tan ligero como los que perseguían  a los gamos o a los ciervos, ni tan pesado como los que guardaban  la casería y los graneros, pero lo suficiente para que pudieran pelear contra los lobos, y ligero para seguirlos cuando huían, hacerles  soltar la presa y devolverla.


Detalle de mosaico, Museo del Bardo, Túnez (Foto Sallycat)

Varrón recomienda que haya un perro por cada pastor y la cantidad total debería depender de si en la región había muchas alimañas o del tamaño del ganado. También escribe que se les colocaba unos collares alrededor del cuello, unas correas de cuero duro forradas con pieles blandas para no dañar el cuello, pero que llevaban unos clavos para protección contra las fieras.


Detalle con collar de perro, mosaico Villa de Carranque
Columela resaltó que el perro guardián de las villas debía ser oscuro de piel “porque un perro oscuro tiene una apariencia más aterradora y durante el día puede hacerse notar, y asustar con su apariencia al merodeador. Cuando cae la noche, el perro, perdido en las sombras, puede atacar sin ser visto… su temperamento no puede ser ni muy noble ni muy feroz y cruel; mientras que lo primero lo haría demasiado apto para aceptar a un ladrón. Lo segundo lo predispondría a atacar a las personas de la casa.”
“No importa que los perros guardianes de la casa tengan cuerpos pesados y que no sean de paso ligero. Ellos nacieron para cumplir su tarea en un lugar reducido y no necesitan correr lejos.”

Perro Moloso. Museo Británico.
(Foto Marie-Lan Nguyen)
Los asirios criaban perros grandes y poderosos para utilizarlos tanto en las batallas como en la caza de leones y de otras fieras. Eran perros con hocico fuerte y corto, cabeza inmensa, patas musculosas, cuerpo grande y pesado. Se utilizaban para proteger al ganado de los depredadores de gran tamaño y cuidar las propiedades.  Estos perros llamados Molosos, naturales de Épiro, fueron extendidos por los fenicios por todo el Mediterráneo y zonas de Europa occidental. Julio César los llamó Pugnaces Brittanae.
Opiano en el año 212 d.C. recomienda el perro Laconio, delgado y muy rápido, para cazar la gacela, el ciervo y la liebre. Describe el Moloso como un perro no rápido pero fuerte y valiente. Recomienda perros que no ladren porque el silencio es la norma de los cazadores y sobre todo de los rastreadores.

 “No dejes para lo último el cuidado de los perros, antes cría justamente con pingüe suero los cachorros corredores de Esparta y el fiero mastín Moloso; con tales guardas nunca tendrás que temer en tus majadas al ladrón nocturno, ni las incursiones de los lobos, ni que te cojan desprevenido los errantes iberos. También a veces podrás a la carrera perseguir a los tímidos onagros y cazar liebres y gamos con perros: muchas veces también con sus ladridos sacarás a los jabalíes de sus agrestes guaridas, y acosando con vocerío por los montes al corpulento ciervo le obligarás a caer en tus redes.” (Virg. Georg. III)



El galgo fue para la cultura romana un aclamado cazador y acompañante de la sociedad aristocrática siguiendo la tradición adquirida de Egipto. Los celtas llamaron a los galgos vertragi, pies rápidos, pues estaban destinados a la caza menor, donde el animal no necesita una gran ferocidad o corpulencia.


“No caza para sí, sino para su amo, el bravo lebrero, que te llevará entre sus dientes la liebre sin dañarla." (Marcial, XIV, 200)



Detalle de mosaico de una villa en Cesarea

El perro Vertragus revolucionó la caza. Cazaba con la vista, en vez del olfato, y con él el cazador podía seguir la caza a caballo, en vez de correr a pie. Era tan rápido que se empleaba en la caza deportiva, deporte de origen Celta para perseguir a la liebre sin matarla.
“Entre los machos, los mejores son aquellos que, grandes y bien conformados, se parecen a las hembras por su flexibilidad, y entre las hembras, las mejores son aquellas que tienen el ardor y el cuerpo musculado de los machos"

"La perra es ciertamente más rápida y precoz que el macho, pero éste suele ser mejor para soportar la fatiga y corre en toda estación del año. Tiene más alto precio, porque las buenas perras abundan, mientras que no es fácil encontrar un buen perro. Es preciso considerar también que una perra conserva su rapidez hasta los cinco años y un perro puede conservaría hasta los diez. Hay que estimar como un gran tesoro un macho verdaderamente bueno y atribuir a la protección de los dioses el que un cazador dé con uno de estos.”
(Arriano)


Marcial escribió un epigrama sobre una perra entrenada para la caza:

“Criada entre los entrenadores del anfiteatro, cazadora, intratable en el bosque, cariñosa en casa, me llamaba Lidia, fidelísima a mi dueño, Dextro, que no hubiera preferido tener la perra de Erígone, ni el de raza cretense que, siguiendo a Céfalo, llegó con él hasta la estrella de la diosa que trae la luz. No se me llevó una larga sucesión de días, ni la edad inútil, como fue el destino del perro de Duliquio. Me mató el fulminante colmillo de un jabalí con espumarajos tan grande como el tuyo, Calidón, o el tuyo, Erimanto,. Y no me quejo, aunque fui enviada prematuramente a las sombras infernales no pude morir con una muerte más noble.” (XI, 69)


Relieve romano. Museo de Colonia

Arriano, nacido a finales del siglo II en Nicomedia de Bitinia cuenta cuáles eran las características buscadas por los galos en sus perros de carrera y nos dice: 

“Los galos cazan sin utilizar lazos, y no solo para procurarse carne, sino también por el placer y la belleza misma de la caza. Poseen una raza de perros no menos hábiles que los carios o cretenses, para seguir una pista por el olfato, si bien su forma carece de gracia y es tosca… Estos perros se llaman “segusi” (o perros guía). No andan muy aprisa y son muy ardorosos en seguir una pista. Cuando encuentran el rastro, aúllan lastimeramente, en vez de ladrar.”


Mosaico, Iglesia de Lot, Jordania

De la fidelidad de los perros hacia sus amos hay constancia en la obra Historia de los Animales de Eliano:

“Un tal Nicias se separó imprudentemente del grupo de cazadores y vino a caerse en un horno de carboneros y los perros que lo acompañaban, al ver lo ocurrido, no se separaron de allí, sino que, al principio, permanecían aullando y ladrando en torno al horno, hasta que al fin, sin más, llamando la atención de los transeúntes tirando con sus dientes suave y delicadamente de los vestidos, intentaban llevarlos al lugar del suceso, como si los perros llamaran a los hombres a que acudieran en auxilio de su amo…” (I, 8)

Arriano describe a su perra de caza y compañía Horme destacando su fidelidad.

“He criado una perra cuyos ojos son los más grises; es rápida, eficiente, valiente y de fuertes patas, y la mejor rival para cuatro liebres en cualquier momento. Es la más cariñosa no solo conmigo sino con mis amigos y compañeros cazadores. Cuando no está corriendo, no se separa de nosotros. Me acompaña a todas partes, incluso cuando voy al gimnasio, y se sienta a mi lado mientras hago mis ejercicios.”

También Arriano aconseja cómo comportarse con los perros una vez terminada la actividad cinegética para recompensarles por el trabajo bien hecho.

“Cuando el  galgo ha atrapado la liebre, o ha vencido en la carrera, deberías desmontar de tu caballo, y acariciar a tu perro y felicitarle, besando su cabeza y rascando sus orejas, y llamándole por su nombre: “Bien hecho, Cirras”, “Bien hecho, Bonnas”, “Bravo, mi Horme”, citando cada perro por su nombre, porque al igual que a los hombres de espíritu generoso, les gusta ser alabados, y si el perro no está demasiado cansado, vendrá alegremente a agasajarte.”


Mosaico romano, Cartago Túnez (Foto Mary Harrasch)

En las casas romanas solía haber un perro guardián atado con una cadena que ayudaba con su aspecto y ladridos a proteger el hogar de ladrones o merodeadores. El visitante de la casa podía encontrar a su llegada un mosaico con un perro y un letrero “Cave Canem” (Cuidado con el perro) para alertar de la presencia de un perro encargado de vigilar la casa.

Sobre el perro guardián y el de compañía tenemos el testimonio del Satiricón, en el que encontramos la perrita Perla del favorito de Trimalción y el enorme perro que se encarga de custodiar la casa: “Se ocupaba de cubrir con una faja verde a una perrita negra y muy gorda. Todo el afán del muchacho era engordar a la perra con media hogaza que le había puesto en el lecho y que ella rechazaba a punto de vomitar… Que traigan a Escilax, el guardian de la casa y de la familia…Y sin demora, atado a una cadena, trajeron un perrazo enorme, que se echó delante de la mesa, obligado a tumbarse por un puntapié del portero. Ninguno de la casa me quiere más que él – dijo Trimalción, echándole un pan blanco.” (Pet. Satyr. 64)

Los perros de compañía (catelli), generalmente pequeños, eran apreciados por damas y algunos otros personajes, que los llevaban encima. Especialmente conocido era el canis melitei, de pequeño tamaño y pelaje suave.

“Descansaba cómodamente en el regazo de mi dueño o de mi dueña y mi cuerpo fatigado dormía en un lecho que me habían preparado amorosamente. Aunque sin el don de la palabra, sabía hacerme comprender mejor que ningún otro de mis semejantes; y, sin embargo, ninguna persona temió mis ladridos. ¡Madre desdichada! La muerte me alcanzó al dar a luz a mis hijos. Y, ahora, un estrecho mármol cubre la tierra donde yo descanso.” (Petronio)


Lápida de la perrita Helena, Museo Getty
Aparecen en lápidas junto a sus difuntos dueños, o bien a algunos se les dedica su propia estela fúnebre, como demostración del cariño que les tenían sus amos.
¿Construyes mi panteón de acuerdo con mis instrucciones? Te ruego encarecidamente que a los pies de mi estatua figures mi perrita…A mi derecha colocarás la estatua de mi Fortunata con una paloma en la mano y llevando a una perrita atada con una correa…”(Petronio, Satyr.)

“A Helena, hija adoptiva, alma incomparable y digna”



Mosaico, Museo Británico

Horacio escribió en sus Épodos contra el orador Casio Severo, que solía arremeter contra personajes de la sociedad romana. El poeta utiliza un símil de perros de caza para criticar a este personaje que acabó siendo desterrado.

¿Por qué al advenedizo inofensivo
Ladras tan fieramente, mastín callado ante rapaces lobos?
¿Por qué, si hacerlo puedes,
Tus amenazas vanas no diriges
Contra mí, que también puedo morderte?
Como el Moloso can o el Laconio rojo,
A su rebaño fieles, enhiestas las orejas, la alimaña
Perseguiré tenaz por la alta nieve…” (Epod. VI)


Perro Leander, Mosaico de Adonis, Villa de Carranque

En el arte romano se pueden hallar ejemplos de la consideración que los perros de caza tenían entre sus dueños. En los mosaicos romanos de la época bajoimperial  aparecen los nombres de los perros representados durante la carrera tras la presa o heridos por las bestias, como en el mosaico de Adonis en Carranque, donde los perros Leander y Titurus son heridos por el jabalí que acaba matando a Adonis. El nombre del primero corresponde al mito griego de Hero y Leander, dos jóvenes enamorados que viven cada uno a  un lado del Helesponto. Como su amor está prohibido, la joven Hero enciende en la torre en la que vive una antorcha para guiar a su amado hasta ella, pero una noche, un fuerte vendaval apaga la luz y,Leander, al no encontrar el camino muere ahogado y ella se suicida al enterarse.

Titurus es uno de los pastores protagonistas de las Bucólicas de Virgilio.


Perro Titurus, Mosaico de Adonis, Villa de Carranque
Bibliografía:

www.bib.uab.cat/veter/achv/columela-gossos-rabada.pdf; Lo que el hispano – romano Lucio J. M. Columela describió sobre perros, en su obra "DE RE RUSTICA". Visto por un veterinario; Jaume Camps i Rabadà
Mastín Napolitano, Carol Paulsen, Google Books
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4013632.pdf; Representaciones e imaginarios perrunos: desde Grecia hasta la Conquista de América; Megumi Andrade Kobayashi
http://e-spacio.uned.es/fez/eserv/bibliuned:Epos-2012-28-6005/Documento.pdf; HOMINES ET CANES: EL VÍNCULO ENTRE EL SER HUMANO Y EL PERRO EN LA OBRA DE MARCIAL Y JUVENAL; Cayetana Paso Rodríguez
www.booksie.com/posting/jmessick/canines-in-greek-and-roman-mythology-147580; Canines in Greek and Roman Mythology; J. Messick