Mosaico de las Metamorfosis

Mosaico de las Metamorfosis

miércoles, 22 de julio de 2020

El mito de Diana y Acteón

Baño de Diana, Mosaico de las Metamorfosis, Villa romana de Carranque, Toledo

El mito de Acteón presenta a un joven, hijo de Aristeo y Autónoe, que instruido por el centauro Quirón, se convirtió en un gran cazador. Un día, mientras Acteón recorría los bosques en compañía de sus perros, encontró a la diosa Diana (Artemis), en un claro junto a un lago, bañándose con sus ninfas, tras una jornada de caza. Acteón se quedó un largo rato contemplando a la diosa desnuda, y, cuando finalmente ella, que era muy cuidadosa con su intimidad, advirtió su presencia, se enojó lo transformó en ciervo, provocando que sus propios perros, al no reconocerlo, lo atacaran y despedazaran.




Según Ovidio, el encuentro de Acteón con Diana se produce en un escenario idílico, el valle de Gargafia, en un lugar apartado con una gruta natural, junto a la que corre un manantial en el que la diosa solía bañarse, acompañada de un cortejo de ninfas, tras un día de caza durante su baño es fortuito, pero sufre la ira de la diosa igualmente. Allí, de forma involuntaria, la encuentra Acteón, el cual, al ser visto por las mujeres, provoca la ira de la diosa, quien procede a pronunciar unas palabras por las que el joven cazador empieza a transformarse en un ciervo, el cual huye y acaba perseguido y despedazado por sus propios perros de caza, con lo cual queda saciada la sed de venganza de la diosa.

“Había un valle cuajado de pinos y de puntiagudos cipreses, conocido
por Gargafia, consagrado a Diana, la de corto vestido, y
en cuyo más apartado rincón hay una gruta, rodeada de selva
y en la que nada es obra del arte; la naturaleza con sus propias
habilidades había imitado al arte; y así, con piedra pómez viva
y con ligeras tobas había trazado un arco natural. A la derecha
murmura un manantial de delgada y límpida corriente y rodeado,
en su amplia salida, de orillas herbosas. Aquí solía la diosa de
las selvas, cuando estaba fatigada de la caza, bañar en el crista-
lino líquido sus miembros virginales. Cuando llegó allí, entregó a
una de sus ninfas. que cuidaba de sus armas, la jabalina, la aljaba
y el arco destensado; otra recogió en los brazos el vestido que la
diosa se ha quitado; otras dos le desatan el calzado; y, más diestra
que aquellas, la isménide Crócale reúne en un moño los cabellos
que caían sueltos por el cuello de la diosa, bien que ella misma
los llevaba flotantes…


Diana en el baño, Volubilis, Marruecos, foro Jerzy Strzelecki

Y mientras allí se baña la Titania en sus aguas acostumbradas, he
aquí que el nieto de Cadmo, después de suspender sus trabajos, y
errando a la ventura por un bosque que no conoce, llega a aquella
espesura; pues los hados lo llevaban. Tan pronto como penetró en
la gruta que destilaba la humedad del manantial, las ninfas, al ver
a un hombre, desnudas como estaban, se golpearon los pechos, lle-
naron de repentinos alaridos todo el bosque, y rodeando entre
ellas a Diana la ocultaron con sus cuerpos; pero la diosa es más
alta que ellas y les saca a todas la cabeza. El color que suelen tener
las nubes cuando las hiere el sol de frente, o la aurora arre-
bolada, es el que tenía Diana al sentirse vista sin ropa. Aunque a
su alrededor se apiñaba la multitud de sus compañeras, todavía
se apartó ella a un lado, volvió atrás la cabeza, y, como hubiera
querido tener a mano sus flechas, echó mano a lo que tenía, al
agua, regó con ella el rostro del hombre, y derramando sobre sus
cabellos el líquido vengador, pronunció además estas palabras que
anunciaban la inminente catástrofe: "Ahora te está permitido contar
que me has visto desnuda, si es que puedes contarlo". y sin
más amenazas, le pone en la cabeza que chorreaba unos cuernos
de longevo ciervo, le prolonga el cuello, hace terminar en punta
por arriba sus orejas, cambia en pies sus manos, en largas patas
sus brazos, y cubre su cuerpo de una piel moteada.


Diana y Acteón. Siria. Foto Egisto Sani

Añade también un carácter miedoso; huye el héroe hijo de Autónoe,
y en su misma carrera se asombra de verse tan veloz. y cuando vio
en el agua su cara y sus cuernos, "iDesgraciado de mí!" iba a decir,
pero ninguna palabra salió; dio un gemido, y ése fue su lenguaje;
unas lágrimas corrieron por un rostro que no era el suyo,
y sólo su primitiva inteligencia le quedó. ¿Qué podría hacer? ¿Vol-
ver a casa, a la mansión real, o esconderse en las selvas? La vergüenza
le impide esto, el temor aquello. Mientras vacila, lo han
visto los perros'; Melampo y el rastreador Icnóbates han sido los
primeros en dar con sus ladridos la señal, de Gnosos Icnóbates,
de raza espartana Melampo…



Diana y Acteón. Pompeya. Foto Carole Raddato

Toda la jauría le persigue, ansiosa de botín, por rocas y peñascos,
por riscos inaccesibles, por donde el camino es difícil. por donde no existe camino.
Huye él a través de parajes por los cuales muchas veces había él perseguido,
iay! huye de sus propios servidores. Anhelaba gritar: "Yo
soy Acteón, reconoced a vuestro dueño". Pero las palabras no acuden
a su deseo; atruenan el aire los ladridos. Melanquetes I le hizo
las primeras heridas en el lomo; siguieron las de Terodamante;
Oresítrofo hizo presa en el hombro. Habían partido después que
los otros, pero a través de atajos de la montaña se adelantaron
en el camino. Mientras ellos sujetan a su dueño, se congregan los
demás de la tropa y juntan sus dientes en aquel cuerpo. No hay
ya espacio que herir; gime él, y su voz, aunque no es de hombre,
no podría tampoco emitirla un ciervo, y colma de lúgubres lamentos
las alturas que le son tan conocidas; y con las rodillas
contra el suelo, en actitud suplicante y como si algo pidiera, mueve
a un lado y otro el rostro, como si alargara sus brazos. Pero sus
compañeros, que nada saben, azuzan con sus habituales gritos al
arrebatado tropel, buscan con los ojos a Acteón, y a porfía gri-
tan "Acteón", como si estuviera ausente -al oir su nombre vuelve
él la cabeza-, y se lamentan de su ausencia y de que por desidia
no asista al espectáculo de la presa que se les ha presentado.
El bien quisiera estar ausente, pero está presente; y quisiera ver,
pero no notar además las salvajes hazañas de sus propios perros.
Por todas partes le acosan, y con los hocicos hundidos en su cuerpo
despedazan a su dueño bajo la apariencia de un engañoso ciervo.
y dicen que no se sació la cólera de Diana, la de la aljaba, hasta
que acabó aquella vida víctima de heridas innumerables.” (Ovidio, Metamorfosis, III)


En la época clásica griega el castigo al que Artemis somete a Acteón no se debe a que la sorprendiese durante su baño, sino a que se había permitido jactarse de ser mejor cazador que la diosa, razón por la que esta aparece siempre vestida en las obras artísticas.



Artemis y Acteón. Metopa de templo en Selinonte. Museo Arqueológico de Palermo

En el periodo helenístico aparece el tema del baño de la diosa. Calímaco establece una relación de amistad entre Acteón y Diana para conferir al episodio un mayor dramatismo por la inflexibilidad de la diosa ante la acción involuntaria de un amigo

“¡Cuántas víctimas quemará, andando el tiempo, la Cadmeide en el ara sacrificial, cuántas Aristeo, suplicando ver ciego a su hijo único, el adolescente Acteón! Y, sin embargo, éste será compañero de correrías de Ártemis la grande; y ni esas correrías compartidas, ni las flechas que juntos arrojarán en las montañas, podrán salvarlo cuando, involuntariamente, vea el placentero baño de la diosa; sus propios perros se lo cenarán, a él, que fuera su amo.” (Calímaco, Himnos, V)





Otros autores atribuyen la muerte a otros motivos. Pausanias relata que Diana envuelve al joven cazador en una piel de ciervo para evitar su boda con Sémele, con quien Zeus quería unirse.

“Viniendo desde Mégara hay una fuente a la derecha, y avanzando un poco, una roca. La llaman “lecho de Acteón”, porque dicen que sobre esta roca dormía Acteón cuando se cansaba de cazar, y dicen que en la fuente vio a Ártemis bañándose. Estesícoro de Hímera7 cuenta que la diosa cubrió a Acteón con una piel de ciervo y así preparó su muerte por medio de sus perros, para que no tomara por mujer a Sémele.
Yo estoy convencido de que, sin intervención de la divinidad, la rabia atacó a los perros de Acteón. Se volvieron locos y habían de despedazar a todo el que encontraran, sin distinción.” (Pausanias, Descripción de Grecia, IX, 2, 3)



Acteón. Museo Corinium, Cirencester, Inglaterra.


El autor Diodoro Sículo justifica el enfado de la diosa por la pretensión de Acteón de contraer matrimonio con ella o por pensar que era mejor cazador.

“A continuación, dicen, se trasladó a Beocia, donde se casó con una de las hijas de Cadmo, Autónoe, con quien engendró a Acteón, quien, según cuentan los mitos, fue despedazado por sus propios perros. Algunos relacionan la causa de esta desventura con el hecho de que, en el templo de Artemis, como premio a las primicias de caza que había consagrado a la diosa, había proyectado que se celebrara su matrimonio con Artemis; pero otros dicen que fue porque declaró que aventajaba a Ártemis en la caza. No es inverosímil que la diosa se irritara por ambas causas; bien porque Acteón se aprovechara de sus capturas de caza para obligar a aquella que no quería tomar parte en la boda y satisfacer así su propio deseo, bien porque se atreviera a declarar que era mejor cazador que ella, cuando incluso los dioses han renunciado a rivalizar con ella en estas artes, lo cierto es que la diosa concibió contra él una cólera justificada. En suma, es verosímil que su aspecto fuera metamorfoseado en uno de los animales salvajes capturados y que sus perros, que tenían por presa a todos los animales salvajes, lo mataran.” (Diodoro Sículo, Biblioteca Histórica, IV, 81, 4)



Casa de Salustio, Pompeya. Acuarela de Josef Theodor Hansen (1886)


Ovidio utiliza la desdichada fortuna que se abatió sobre Acteón para ilustrar la suya en el destierro en Tomis, ninguno puede volver a casa, Acteón por enojar a una divinidad, Ovidio al emperador.


“Sin pretenderlo, Acteón contempló desnuda a Diana y, sin embargo, no por ello fue menos presa de sus propios perros; y es que, a los ojos de los dioses, hasta el azar hay que expiarlo y un hecho casual no obtiene el perdón, si ha sido ofendida una divinidad.” (Ovidio, Tristes, II, En defensa de su poesía)

Nono de Panópolis presenta a un Acteón, que ante la vista de la diosa se queda observando y muestra intención de seguir contemplando su desnudez, por lo que no se ve tan inocente como el joven descrito por Ovidio.

“Ocurrió que un día, sentado en lo alto de un roble de elevado tronco vio todo el cuerpo de la Arquera mientras se estaba bañando. Él, Ávido observador de la diosa que no se debe ver, recorrió con sus ojos la casta piel de la virgen no desposada, y la vio de cerca. Pero mientras espiaba con furtivos ojos la figura sin ropa de la soberana, una ninfa Néyade lo vio a lo lejos con torvos ojos. Apabullada, prorrumpió en gritos y comunicó a su soberana el irrefrenable atrevimiento de un varón loco de amor.” (Nono de Panópolis, Dionisiacas, V, 305)



Diana y Acteón. Casa de Octavio Quartius, Pompeya
Además, este mismo autor señala a la diosa como causante de una locura colectiva en los perros para matar a su amo, los cuales, por el cruel ensañamiento deseado por ella, acabarán con el desafortunado Acteón de la forma más dolorosa posible.

“Sus perros no reconocieron ya más a su antiguo amo que había cambiado de naturaleza. La cruel Arquera en su resentimiento los enloqueció con un inapelable signo de su cabeza; y en este rabioso desvarío, presos de un furioso aire, ellos aguzaron la doble fila de sus parejos dientes asesinos de cervatillos. Y desorientados ante el falso aspecto de un ciervo, devoraron su moteado cuerpo, que no le pertenecía, con irracional furor. Pero la diosa pensó otro tormento. Que los perros con lentas mandíbulas desgarraran poco a poco a Acteón, que aún respiraba y estaba consciente, a fin de atormentar su corazón con los dolores más agudos.” (Dionisiacas, V, 330)



Acteón. Mosaico de Conimbriga, Portugal


De acuerdo con Apolodoro, los perros, tras matar a su amo, sin haberlo reconocido, recorren el bosque buscando a su amo, y llegan donde está Quirón, quien crea una estatua de bronce con la figura de Acteón para ellos.

“Tras la muerte de Acteón, los perros lo buscaron aullando en términos que movían a piedad, y solo se consolaron con una estatua que había modelado el centauro Quirón a imagen y semejanza del joven cazador.” (Apolodoro, Biblioteca Mitológica, IV, 4).

En la antigüedad se realizaron obras artísticas que reflejaban el mito de Acteón en sus diversas fases, el baño de la diosa, la transformación del joven cazador en un ciervo o su muerte al ser atacado por sus propios perros. Mosaicos, frescos y estatuas han transmitido el infortunado incidente como prueba del destino trágico de los mortales ante la ira y el designio de los dioses.

“Un mármol de Paros, cincelado con los rasgos de Diana, ocupa exactamente el centro de la estancia; era una obra de radiante perfección: la diosa, con su túnica desplegada al viento y en viva carrera, parecía salir al encuentro de los visitantes; su majestad inspiraba veneración. Unos perros forman a ambos lados su escolta; también los perros eran de piedra; tenían una mirada amenazadora, las orejas tiesas, las fosas nasales dilatadas, la boca dispuesta a devorar; si en la vecindad se dejaba oír algún ladrido, te figurarías que salía de aquellas fauces de mármol…A espaldas de la diosa se yergue una roca en forma de gruta con musgo, césped, hojas, varitas, pámpanos por aquí, arbustos por allí, una verdadera flora nacida en la piedra. En el interior de la gruta destaca la sombra de la estatua sobre la blancura del mármol. En la cornisa de la roca cuelgan frutas y racimos de tan acabada perfección, que el arte, compitiendo con la naturaleza, supo crearlos con el mismo aparente realismo. En medio de la enramada, un Acteón de piedra se adelanta hacia la diosa con indiscreta mirada; medio cambiado ya en ciervo, se le ve en la piedra de la roca y en el agua de la fuente a la vez acechando la entrada de Diana en el baño.” (Apuleyo, El asno de oro, II, 3, 10)


Acteón. Museo Británico. Londres



Bibliografía

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=58105; Nono de Panópolis y el mito de Acteón; Antonio Villarubia
https://riull.ull.es/xmlui/handle/915/5902?show=full; La violencia en la mitología clásica. Los castigos de los dioses; Daniella E. Felipe Ferrer
https://core.ac.uk/reader/58910172; El tema de Acteón en algunas literaturas europeas; Bienvenido Morros Mestres
Arte y mito. Manual de iconografía clásica. Miguel Ángel Elvira Barba, Ed. Sílex


domingo, 31 de marzo de 2019

Historia de Hércules (I)



Joven Hércules


Afirman que de Dánae, hija de Acrisio, y Zeus nació Perseo; y unida a éste, Andrómeda, hija de Cefeo, engendró a Electrión; a continuación Eurídice, hija de Pélope, se casó con él y dio a luz a Alcmena, a la que se unió a su vez Zeus gracias a un engaño y engendró a Heracles. (Diodoro, Biblioteca Histórica, IV, 9, 1)

Así, pues, se dice que su línea genealógica remonta, por parte de sus dos progenitores, al más grande de los dioses, de la manera que hemos indicado. Las virtudes que le adornan se han considerado no sólo a partir de sus hazañas, sino que ya antes de su nacimiento le han sido reconocidas. Porque, cuando Zeus se unió a Alcmena, triplicó la duración de la noche y, la magnitud del tiempo que se empleó en la procreación, presagió la fuerza extraordinaria del que iba a nacer. (Diodoro, Biblioteca Histórica, IV, 9, 2-3)



Hércules niño, Museo Arqueológico de Tarragona

Cuando se presentó Anfitrión y vio que su mujer no se mostraba atenta con él, le preguntó el motivo; dijo entonces ella que ya había venido la noche anterior y había yacido con ella, y comprendió él por Tiresias que Zeus se había unido con ella. (Apolodoro Biblioteca Mitológica, II, 4, 8)


Una vez transcurrido el tiempo natural del embarazo, Zeus, cuyo pensamiento estaba puesto en el nacimiento de Heracles, proclamó en presencia de todos los dioses que haría rey a aquel de los Perseidas que naciera en ese día. Pero Hera, movida por los celos y con la colaboración de su hija Ilitía, detuvo los dolores de parto de Alcmena e hizo venir al mundo a Euristeo antes de tiempo Zeus, burlado por esta estratagema, quiso a la vez mantener su promesa y atender a la futura gloria de Heracles. Por eso, dicen, persuadió a Hera a llegar a un acuerdo por el que Euristeo sería rey de acuerdo con su propia promesa, mientras que Heracles, a las órdenes de Euristeo, cumpliría los doce trabajos que Euristeo le encomendara y, tras llevarlos a término, alcanzaría la inmortalidad. (Diodoro, Biblioteca Histórica, IV, 9, 4)


Alcmena dio a luz a dos niños, uno para Zeus, Heracles, mayor en una sola noche, y otro para Anfitrión, Ificles. (Apolodoro, Biblioteca mitológica, II, 4, 8)


Alcmena, temerosa de los celos de Hera, expuso al recién nacido en un lugar que actualmente recibe por él el nombre de «Llanura de Heracles». En esto Atenea, acercándose al lugar en compañía de Hera y maravillada por la naturaleza del niño, persuadió a Hera para que le diera el pecho; pero, al tirar el niño del pecho con una fuerza superior a la que por su edad correspondía, Hera no pudo resistir el intenso dolor y se quitó de encima al recién nacido; luego Atenea lo llevó junto a su madre y le ordenó que lo criara. (Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, IV, 9, 6)



Hera dando de mamar a Herakles, foto de Marie Lan Nguyen

Cuando aquel tenía ocho meses Hera envió dos serpientes enormes a su cuna con la intención de destruir a la criatura. Alcmena llamó gritando a Anfitrión, pero Heracles se levantó y las aniquiló estrangulándolas a cada una con una mano. (Apolodoro, Biblioteca Mitológica, II, 4, 8)

Por ello precisamente los argivos, al enterarse de lo sucedido, aunque antes se llamaba Alceo, le dieron el nombre de Heracles, porque gracias a Hera había obtenido la gloria (kléos). A los otros niños, pues, los padres les imponen un nombre, pero a éste solo le dio nombre el valor. (Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica IV, 10, 1)



Hércules niño estrangulando las serpientes. Izda.: Augusteo de Herculano,
drcha. Casa de los Vetii, Pompeya.

Anfitrión fue expulsado de Tirinte y trasladó su residencia a Tebas; y Heracles, tras haber sido criado y educado, y sobre todo tras haber practicado con gran empeño los ejercicios atléticos, llegó a ser el primero de todos por su fuerza física y asimismo famoso por la brillantez de su espíritu. (Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica IV, 10, 2)

Heracles había sido instruido en la conducción del carro por Anfitrión, a luchar por Autólico, a disparar el arco por Éurito, a combatir con armas pesadas por Cástor, a cantar al son de la cítara por Lino, que era hermano de Orfeo. Este vino a Tebas y se hizo tebano y fue muerto por Heracles, que lo golpeó con la cítara, irritado porque aquel lo había pegado y por eso lo mató. Algunos lo llevaron ante la justicia por asesinato, pero Heracles citó una ley de Radamantis según la cual aquel que repeliese a uno que agrediera sin razón, era inocente, y así fue absuelto. 



Hércules ataca a Lino, foto de Egisto Sani


Pero Anfitrión temió que hiciese de nuevo algo semejante y lo envió a cuidar bueyes. Creció en esto y aventajó a todos en estatura y fuerza. Podía verse claramente que era hijo de Zeus, pues su cuerpo tenía cuatro codos y sus ojos brillaban con el resplandor del fuego. No fallaba ni disparando el arco ni con otras armas arrojadizas. (Apolodoro, Biblioteca Mitológica, II, 4, 9)



Joven Hércules, Museo Metropolitan, Nueva York

Mientras estuvo con las manadas de bueyes, mató a los dieciocho años al león de Citerón. Este arrojándose desde Citerón hacía estragos en los ganados de Anfitrión y de Tespio, el rey de Tespias, al cual había ido Heracles con la intención de cazar el león. Lo hospedó durante cincuenta días y cuando regresaba de la caza le entregaba cada noche una de sus hijas para que se uniera con ella, pues tenía cincuenta, nacidas de Megamede, la hija de Arneo. Deseaba que todas tuvieran un hijo de Heracles. Este se pensaba que siempre era la misma y así se unió con todas. Luego de someter al león, se cubrió con su piel y utilizó la abertura de la boca como yelmo. (Apolodoro, Biblioteca Mitológica II, 4, 10)






Habiendo aprendido de Éurito previamente el manejo del arco, Heracles tomó de Hermes una espada, de Apolo un arco y flechas, de Hefesto una coraza de oro y de Atenea un manto. Además, él mismo cortó una maza en Nemea. (Apolodoro, Biblioteca Mitológica II, 4, 11)



Izda.: Pintura de Hércules con maza. Drcha. Detalle de mosaico mostrando a Hércules con maza de las Metamorfosis de la villa romana de Carranque, Toledo, España 


Cuando regresaba de la cacería se encontró con los mensajeros enviados por Ergino, enviados a cobrar el tributo de los tebanos. Los tebanos pagaban tributo a Ergino por la siguiente causa: a Clímeno, el rey de los minias, le lanzó una piedra el auriga de Meneceo, llamado Perieres, en el recinto consagrado a Posidón en Onquesto, y lo hirió. Fue trasladado a Orcómeno medio muerto y al morir encargó a su hijo Ergino que vengase su muerte. Entonces Ergino marchó contra Tebas y matando a no pocos, estipuló mediante juramentos que los tebanos le enviarían tributo durante veinte años, a razón de cien bueyes cada año. Heracles, por tanto, encontró a los mensajeros cuando iban a Tebas a por el tributo, y los ultrajó, pues les cortó las orejas y las narices y les ató las manos con cuerdas al cuello diciéndoles que llevasen este tributo a Ergino y los minias. Indignado por esto Ergino marchó contra Tebas, pero Heracles tomando las armas de Atenea le hizo frente y lo mató, poniendo en fuga a los minias y obligándolos a pagar a los tebanos un tributo doble. Y sucedió que Anfitrión murió en la batalla luchando valientemente. Heracles tomó de Creonte como premio a su hija mayor, Mégara, de la cual le nacieron tres hijos: Terímaco, Creontíades y Deicoonte. En cambio, la hija más joven de Creonte se la entregó a Ificles, que ya tenía un hijo, Yolao, de Automedusa, la hija de Alcátoo. (Apolodoro, Biblioteca Mitológica II, 4, 11)






De hecho, cuando por su edad todavía era un efebo, fue el primero en liberar Tebas, correspondiendo a la ciudad con la gratitud debida, como si fuera su patria… Cuando Heracles supo que Ergino, el rey de los minias, se acercaba a la ciudad con sus soldados, salió a su encuentro en un desfiladero e inutilizó al grueso de la fuerza enemiga, y él mismo mató a Ergino y dio muerte a casi todos sus acompañantes. Luego se presentó por sorpresa en la ciudad de los orcomenios e, irrumpiendo repentinamente en el interior de las puertas, incendió el palacio de los minias y arrasó la ciudad. Esta hazaña circuló de boca en boca por toda Grecia y todo el mundo admiró el inesperado suceso. El rey Creonte, admirando el valor del joven, le dio a su hija Mégara en matrimonio y, como si se tratara de su hijo legítimo, le confió los asuntos de la ciudad. Pero Euristeo, que era rey de Argolide, receloso respecto al crecimiento del poder de Heracles, lo envió a buscar y le dio la orden de llevar a cabo los trabajos. Dado que Heracles no acataba la orden, Zeus le envió el mandato de que se pusiera al servicio de Euristeo. (Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica IV, 10, 2)


Entonces Heracles se dirigió a Delfos y, tras interrogar al dios Apolo sobre aquello, recibió del oráculo una respuesta que le comunicaba que los dioses habían decidido que debía realizar los doce trabajos que le ordenaba Euristeo y que, tras su cumplimiento, alcanzaría la inmortalidad. (Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica IV, 10, 7)

Tras estos hechos, Heracles cayó en un abatimiento poco común. Juzgaba, en efecto, que ser esclavo de un hombre inferior a el no era en modo alguno digno de su propio valor, y al mismo tiempo desobedecer a Zeus, que además era su padre, le parecía inconveniente e imposible. Y mientras se venía abajo en esta situación de perplejidad, Hera le envió el enajenamiento, y lo que era aflicción del alma terminó en locura. Fuera de sí por el agravamiento del mal, se lanzó contra Yolao para matarlo. Éste consiguió huir, pero, al encontrarse allí a los hijos que había tenido con Mégara, los asaeteó como si fueran sus enemigos. Apenas se vio liberado de la locura y se dio cuenta de lo que había hecho en su inconsciencia, se sumió en un gran dolor por la enormidad de su desgracia. 



Hércules Furioso, Villa Torre de Palma, Museo Arqueológico Nacional de Lisboa

Aunque todos compartieron su pena y se unieron a su dolor, él permaneció quieto en su casa durante mucho tiempo, evitando los encuentros y las conversaciones con otros hombres. Finalmente, sin embargo, el tiempo apaciguó el sufrimiento y, con la decisión de enfrentarse a los peligros, se presentó a Euristeo. (Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica IV, 11, 1-2)


Fuentes:

Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, Editorial Gredos
Apolodoro, Biblioteca Mitológica, www.lectulandia.com

lunes, 27 de marzo de 2017

Villa San Marco en Castellammare di Stabia, Italia

La villa de San Marco en Castellammare di Stabia fue sepultada tras la erupción del Vesubio y fue excavada en el siglo XVIII. Conserva pinturas in situ y otras pueden verse en el museo de Nápoles.


Atrio tetrástilo de columnas jónicas de entrada a la casa



Sacellum o Lararium con acceso desde el atrio


Culina, cocina de la casa


Estancias de la casa con pinturas



Estancias de la casa con pinturas


Atrio de entrada al balneum, baños de la casa

Instalaciones del caldarium

Pórtico columnado con pinturas


Ninfeo

Jardín con natatio (piscina)

    





                 
 




Fotos tomadas por Samuel López Iglesias en 2008

miércoles, 8 de febrero de 2017

Fiestas agrícolas en época romana



Hacia el templo de Ceres, pintura de Alma Tadema


En Roma la gran mayoría de las fiestas estaban asociadas, desde los primeros tiempos con momentos relevantes para los habitantes del mundo rural. En un principio los dioses romanos fueron divinidades protectoras que alejaban los males que podían afectar a las gentes, los animales y las tierras en que vivían. Es por ello que la religión romana mantuvo un carácter eminentemente rural hasta el final de la época clásica y el calendario del pueblo romano muestra su origen agrícola y pastoral, tan decisivo para el desarrollo de su cultura y vida social.

En Roma se celebraban desde muy antiguo diversos ritos centrados en propiciar la fertilidad de la tierra, la fecundidad de los animales y la prosperidad de las campesinos y pastores.
El día 15 del mes de abril en las fiestas de Fordicidia cada una de las treinta curias, agrupaciones sociales de la Roma primitiva, sacrificaba una vaca preñada que era ofrecida a Tellus, diosa de la tierra. Con su sangre se regaba el suelo del lugar sagrado, mientras que la carne se troceaba y comía. Se quemaba el feto en un altar situado en la Regia, casa del pontífice máximo y las vestales, entonces, elaboraban el suffimen, con las cenizas y otros ingredientes, como la cola del caballo sacrificado en el mes de octubre y las cenizas de las vainas de habas.

"Cuando llegue el tercer día después de las Idus de Venus, ofreced, pontífices, el sacrificio de una vaca preñada. Forda es una vaca fértil y en estado de preñez…  En esta época es cuando están los ganados con la preñez, y las tierras también, preñadas con las semillas. A la Tierra henchida se le ofrece una víctima henchida. Una parte sucumbe en el alcázar de Júpiter; la curia acoge a treinta vacas y queda salpicada de sangre generosa. Pero cuando los oficiantes han extraído las vísceras a los novillos y han colocado esas entrañas cortadas en los fuegos humeantes, la vestal de mayor edad quema en el fuego a los novillos, para que su ceniza purifique a los pueblos el día de Pales." (Ovidio, Fastos, IV)


Fiesta de Parilia, pintura de Joseph Benoit Suvée


Ese suffimen se empleaba luego el 21 del mismo mes en las fiestas de Parilia, en honor de una divinidad de sexo ambiguo llamada Pales y que era protectora de los rebaños y sus pastores. Esta celebración era también muy arcaica y se iniciaba con la purificación del cercado donde se guardaba al ganado. Se rociaba el suelo con agua purificadora y se barría con ramas de laurel. Se decoraban las vallas y las puertas con guirnaldas de flores y ramas como protección y se fumigaba la zona con azufre y el suffimen de las Fordicidia. A continuación, los pastores encendían una hoguera con ramas de olivo, pino y laurel y rociaban una imagen de Pales con leche le ofrecían una cesta con pasteles de mijo. Mirando hacia el Este, pronunciaban cuatro veces una plegaria para pedir la protección de la divinidad o suplicar su perdón, en caso de haber causado ofensa, y se lavaban las manos en agua corriente. Bebían una mezcla de leche y mosto conocida como burranica potio o sapa. Para terminar, encendían tres hogueras colocadas en fila y saltaban sobre ellas.

"Me reclaman las Parilias. No en vano me reclaman, si la nutricia Pales me asiste. Pales nutricia, asísteme a mí que canto las ceremonias pastoriles, si atiendo con mis cuidados tu festival… Pastor, purifica al caer la tarde a tus ovejas hartas. Primero salpica la tierra con agua y bárrela con una escoba; adorna el redil con hojas y ramas adosadas; adorna la puerta y cúbrela con una larga corona. Produce humo azulado con azufre puro, y que balen las ovejas alcanzadas por el humo del azufre. Quema olivos machos y tea y hierbas sabinas, y que el laurel crepite quemándose en medio del hogar. Y que una cesta de mijo acompañe pasteles de mijo. La diosa campesina se alegra principalmente de este alimento. Añade comida y un jarro de leche, que es lo apropiado, y una vez partidos los alimentos, ruega con leche templada a Pales, habitante de la selva… Por estos medios hay que propiciar a la diosa. Di estas palabras cuatro veces, vuelto a la salida del sol, y lávate las manos con rocío vivo. Luego procede que pongas una gamella, como si fuese un cráter, y bebas la leche blanca como la nieve y el vino cocido color de purpura; y luego procede que atravieses con tu cuerpo y con pie ligero los montones ardiendo de leña crepitante." (Ovidio, Fastos, IV)



Suovetaurilia, Museo del Louvre

En el siglo II a. C. el agrónomo Catón recomienda una ceremonia de purificación de los campos (lustratio agri) para protección de su hacienda, incluyendo amos, esclavos, animales y tierras, con invocación a Marte para propiciar el crecimiento de los frutos y alejar las desgracias, que consistía en básicamente en trazar un círculo protector mediante la procesión de tres víctimas: un cerdo (sus); un carnero (ouis); y un toro (taurus) alrededor del campo que se deseaba proteger antes de inmolarlas.


"Oh padre Marte,
te pido e imploro
que quieras ser propicio
conmigo y nuestra casa y familia:
para esto,
he mandado esta suouetaurilia
alrededor de mi campo, tierra y
fundo;
para que tú
apartes las enfermedades
que se ven y no se ven,
alejes la esterilidad y la
destrucción,
y rechaces los daños y las
tormentas;
y para que tú hagas que los frutos,
los granos, las viñas y las yerbas
broten y permanezcan bien;
y mantengas los pastores y el
rebaño salvos;
y [nos] des buena salud y vigor a
mí y nuestra casa y familia;
para que ésto y,
mi fundo tierra y campo
sean purificados y sea hecha
la purificación,
así, como dije,
he de inmolar en nombre tuyo
esta suouetaurilia de lactantes." (Catón, De Agricultura, 141)

En el mes de enero se celebraban en Roma las Feriae Sementivae en honor de Tellus y Ceres, que no tenían día fijo en el calendario, sino que los pontífices decidían cuando se realizaban siempre al finalizar la siembra de invierno. El primer día se dedicaba a Tellus y el segundo una semana después a Ceres. Las ofrendas consistían en una empanada de espelta y una cerda preñada. La porción divina del sacrificio eran las entrañas que se introducían en una olla (puchero). En el entorno rural se celebraban en los pagi(aldeas) las Paganalia para propiciar el crecimiento de las semillas.

"Si bien no está señalado el día de la fiesta, la época es segura, porque en ella el campo se fecunda con las semillas que en él se arrojan. Estaos con las guirnaldas junto al pesebre, novillos: vuestra labor volverá con la primavera templada. Cuelgue el campesino el arado veterano en su poste: la tierra reacciona con miedo a cada herida. Granjero, da descanso a la tierra después de hacer la siembra; da descanso a los hombres que cultivaron la tierra. Que  la aldea festeje la fiesta; recorred la aldea, colonos, ofreciendo las libaciones anuales a los fuegos aldeanos. Que se aplaque a las madres de las mieses, Tierra y Ceres, preñadas con el grano de trigo en sus entrañas. La Tierra y Ceres cumplen un mismo cometido: esta confiere la razón de ser a las mieses, aquella, el lugar." (Ovidio, Fastos, I)


Fiesta de la cosecha, Pintura de Alma Tadema

El culto a Ceres entre los romanos es antiguo y la diosa fue comparada y homologada oficialmente a la Deméter de los griegos. Como ella, Ceres traía la renovación anual de la primavera a los vegetales y concretamente a los “cereales”, los cuales le deben su nombre.
Al igual que Deméter erraba por los parajes en busca de su hija Perséfone, casada en el mundo de las sombras con su rey Hades, mientras iba renovando el verdor y la sazón de los frutos, los romanos adaptaron la fábula con Ceres, su hija Proserpina y su yerno Plutón.
Después de haber obtenido de Júpiter la promesa de que su hija permanecería seis meses con ella en el cielo (y los otros seis, con su marido en los infiernos) Ceres mudó su rostro por uno más alegre, recobró su ánimo y puso sobre sus cabellos una corona de espigas que le sirvió como símbolo.

El culto a Ceres se difundió principalmente entre los plebeyos, muchos de los cuales eran comerciantes de grano. Por ello Ceres fue tomada como diosa de la annona y protectora de la población de la Urbs en periodos de hambrunas.

La cerda, el puerco y la jabalina eran los animales sacrificados a Ceres y también el carnero. Las guirnaldas que se colocaban las mujeres podían ser de mirto o narciso, pero las flores, salvo la amapola estaban prohibidas, pues recogiendo flores Proserpina fue como Plutón pudo secuestrarla. La inclusión de la amapola se debía a que además de crecer entre la mies, Júpiter se la hubo proporcionado a Proserpina para que el sueño subsiguiente le sirviese de alivio a su pena.

El festival dedicado a Ceres, Cerealia, tenía lugar hacía la mitad del mes de abril y era presidido por los ediles por ser una fiesta de origen plebeyo. Las mujeres solían vestir de blanco y en la ciudad de Roma se incluían juegos escénicos y otras actividades que no se daban en el campo.

"Ahora es el Festival de Ceres. No necesitamos que nadie nos revele la causa. De suyo se hace patente el don y los servicios de la diosa. El pan de los primeros hombres eran las hierbas verdes, que ofrecía la tierra sin que nadie lo exigiese: y ya echaban mano de la hierba viva del césped, ya eran un festín las copas de los arboles con sus tiernas hojas. Conviene que ofrezcáis a la diosa la espelta y el honor de la sal que chisporrotea, y granos de incienso en los viejos
fuegos; y, si falta el incienso, prended teas untadas: a la buena Ceres le gustan las cosas pequeñas, con tal de que sean puras. Apartad los cuchillos del buey, oficiantes de túnica arremangada: que el buey labre; sacrificad a la marrana holgazana." (Ovidio, Fastos, IV)

El día 25 de abril se invocaba al dios Robigo, dios romano de la roya del trigo, enfermedad producida por un hongo, para rogarle que no dañase a las cosechas, en las Robigalia. En esa época con los calores primaverales surgían las primeras espigas que podían ser afectadas por ese mal. En los primeros tiempos la divinidad parece haber sido masculina para pasar a ser femenino ya en época imperial. La ofrenda exigía el sacrificio de un perro y un cordero.

"Ese día, volviendo yo de Nomento a Roma, me encontré con una multitud vestida de blanco en medio del camino.  Un flamen iba hacia el bosque del viejo Tizón (Robigo) para ofrecer a las llamas las entrañas de un perro y las entrañas de una oveja. Al instante me acerqué para enterarme de la ceremonia; tu flamen, Quirino, pronunció estas palabras: «Tizón inmundo, respeta las plantas de Ceres, y que su tallo ligero se cimbree en la superficie de la tierra. Deja tu crecer los sembrados, fertilizados por los astros propicios del cielo, hasta que vengan en sazón para las hoces. Tu poder no es liviano: los trigales a los que tu pusiste tu marca, los da por perdidos el colono entristecido. Ni los vientos ni las lluvias dañan tanto al trigo ni tan pajizo se pone, quemado por el pétreo hielo, como cuando el sol calienta los tallos acuosos. Entonces es el momento de tu cólera, dios temible. Abstente, por favor, y aparta tus manos tiñosas de las cosechas y no dañes los cultivos: ya es bastante que tengas poder para dañarlos. (Ovidio, Fastos, IV)





El 29 de mayo se celebraba la Ambarvalia, una fiesta de lustración de los campos durante la cual se realizaba un rito de fertilidad que consistía en rodear por tres veces el perímetro del campo haciendo una procesión en la que se llevaban un buey, un cordero y un cerdo para ser sacrificados a los dioses, de forma similar a la suovetaurilia descrita por Catón. El cortejo era encabezado por el pater familias acompañado de sus hijos y esclavos. Virgilio describe una celebración en honor de Ceres que puede ser la de Ambarvalia.

"Pero, ante todo, da culto a los dioses y cumple cada año el rito a la gran Ceres oficiando sobre la lozana hierba, cuando ha tocado a su fin el largo invierno, entrada ya la serena primavera. En esta época están gordos los corderos y los vinos entonces se enmollecen, entonces el sueño es dulce y en las montañas la sombra espesa. Que la campesina mocedad se te una a ti para adorar a Ceres, en cuyo honor exprime los panales de miel en leche y vino dulce y por tres veces que la víctima propicia vaya en procesión alrededor de las mieses nuevas, que la acompañen con regocijo la gente y el coro entero y con gritos llamen a Ceres a sus casas y que nadie meta la hoz en las espigas sazonadas, antes de que, en honor de Ceres, ceñida la frente con corona de encina, dance en desordenados movimientos y pronuncie los himnos de ritual." (Geórgicas, I, 338)

Antes de la cosecha se sacrificaba una cerda con la posible intención de aplacar a los dioses Manes que podían verse ofendidos por la intervención en la tierra o por algo mal hecho de forma accidental durante el arado o la maduración del grano.


Pintura Villa de los Misterios, foto Pompeiipictures

El sacrificio de la cerda a Ceres antes de la cosecha implicaba ofrendas de vino y pasteles a otros dioses, como Jano, Júpiter y Juno, mientras se les dirigía plegarias rogando por la salud de la familia y el hogar, según aparece en el texto de Catón.  

“Con incienso y vino, formula una plegaria preliminar a Jano, Júpiter y Juno.”
Antes de sacrificar la cerda, presenta a Jano un pastel con estas palabras: “Padre Sacro, al presentarte este pastel te dirijo sinceras plegarias, para que seas benévolo y propicio para conmigo y con mis hijos, con mi casa y mi gente, satisfecho como estás con este pastel. Toma un bollo para Júpiter y conságraselo con estas palabras: “Júpiter, al ofrecerte este bollo te dirijo sinceras plegarias, para que seas benévolo y propicio para conmigo y con mis hijos, con mi casa y mi gente, satisfecho como estás con este bollo.” Ofrece después vino a Jano con estas palabras: “Padre Jano, del mismo modo que al presentarte el pastel te he dirigido sinceras plegarias, con el mismo fin recibe la satisfacción de un vino nuevo.” Sacrifica después la cerda de propiciación. Cuando se hayan cortado las vísceras, presenta y consagra un pastel a Jano como antes. Ofrece y consagra también a Júpiter un bollo, al igual que antes. Ofrece también vino a Jano y ofréceselo a júpiter, como precedentemente con la ofrenda del pastel y la entrega del bollo. Ofrece luego a Ceres las vísceras y un poco de vino. (Catón, De Agricultura, 134)


Bacante, William Adolphe Boguereau

Las Vinalia eran las fiestas romanas que se celebraban en torno al vino en honor de Júpiter y Venus, para pedir protección sobre las huertas, viñas y vendimia. La Vinalia priora o urbana se celebraba el 23 de Abril, para bendecir y degustar el vino del año anterior y pedir buen tiempo hasta la siguiente cosecha. La fecha de la Vinalia rustica era el 19 de Agosto, antes de la vendimia y prensado de la uva.
Las Vinalia eran las fiestas romanas que se celebraban en torno al vino en honor de Júpiter y Venus, para pedir protección sobre las huertas, viñas y vendimia. La Vinalia priora o urbana se celebraba el 23 de Abril, cuando se abrían los odres de vino del año anterior para bendecirlo y degustarlo y también para pedir buen tiempo hasta la siguiente cosecha. La fecha de la Vinalia rustica era el 19 de Agosto, cuando se sacrificaba un cordero al dios Júpiter para pedir protección contra las tormentas de verano que podían dañar las uvas antes de la vendimia. El sacerdote arrancaba un racimo de uvas de la viña y hasta que la ceremonia no se llevaba a cabo no se podía traer mosto nuevo a la ciudad. El 11 de octubre tenía lugar la Meditrinalia cuando se bebía el primer mosto de la reciente vendimia y se rogaba a Júpiter por la salud.

Del mismo modo, los colonos Ausonios, linaje de Troya, se divierten en improvisar versos sin medida, soltando carcajadas, y se ponen horribles caretas, hechas de cortezas labradas, invocándote, ¡oh Baco!, en sus alegres cantares y suspendiendo en tu honor de los altos pinos figurillas que representan tu imagen. De aquí proviene que todo el viñedo se llene de abundante fruto, y lo mismo los huecos valles y los profundos bosques y todos los sitios adonde vuelve el dios su hermosa cabeza. Cantemos, pues, según la antigua usanza, los loores de Baco en versos patrios, y tributémosle ofrendas y sacrificios; llevemos arrastrado por los cuernos a sus aras un cabrón sagrado y tostemos sus pingües entrañas en asadores de avellano. (Virgilio, Georgicas, II)

El dios Liber era una antigua divinidad itálica relacionada con los ritos de carácter productivo y reproductivo. Se le consideraba protector de la viña y de los frutos húmedos. Era frecuente que se le ofreciera exvotos de reproducciones de órganos sexuales además de celebrarse un ritual que comportaba el culto al falo como propiciador de la fecundidad de la siembra. Líber acabaría asimilándose a Baco como dios del vino, aunque en su faceta campesina principalmente y sería venerado por los vendimiadores y taberneros y comerciantes que le rogaban protección para sus negocios. Su fiesta se celebraba el día 17 de marzo en la Liberalia.



Ya en el cristianismo San Agustín relata cómo se llevaban a cabo los antiguos ritos dedicados al dios Líber:

"En las encrucijadas de Italia se celebraban los misterios de Libero dice Varrón, y con tal libertinaje y torpeza, que en su honor se reverenciaban las vergüenzas de los hombres. Y esto se hacía no en privado, donde fuera más verecundo, sino en público, triunfando así la carnal torpeza. Este impúdico miembro, durante las festividades de Libero, era colocado con grande honor en carrozas y paseado primeramente del campo a las encrucijadas y luego hasta la ciudad… En estos días se usaban las palabras más indecorosas, hasta que aquel miembro, en procesión por las calles, reposaba por fin en su sitio. A este miembro deshonesto una honesta madre de familia debía imponerle públicamente la corona. Así había que aplacar al dios Libero para un mayor rendimiento de las cosechas." (San Agustín, La ciudad de Dios, VII, 21)

Las fiestas agrarias que se realizaban con buen tiempo terminarían con una celebración festiva en la que se comería, bebería y se disfrutaría, llegando en casos a la embriaguez.

"Entonces, tras cumplir con el dios, la juventud se tumbará en la hierba, por donde cae agradable la sombra de un antiguo árbol o con su propia ropa formarán sombrillas ceñidas de guirnaldas y hasta la propia copa se alzará coronada. Que cada cual prepare para sí por todo lo alto banquetes y mesas festivas en el césped y un lecho también en el césped." (Tibulo, II, 5)



Pintura de Giovanni Muzzuoli


Bibliografía:

repositori.uji.es/xmlui/handle/10234/114188; Vestigios del culto a Ceres en la Valentia
romano-republicana; Luciano Pérez Vilatela
https://uvadoc.uva.es/bitstream/.../1/2004-17- PlautoYElDiosDeLaLibertadYDelVino.pdf; PLAUTO Y EL DIOS DE LA LIBERTAD Y DEL VINO: LIBER-DIONISO-BACO; MANUEL-ANTONIO MARCOS CASQUERO
Cult Places and Cultural Change in Republican Italy; Tesse Dieder Stek; Google Books
The Roman Goddess Ceres; Barbette Stanley Spaeth; Google Books