Mosaico de las Metamorfosis

Mosaico de las Metamorfosis

miércoles, 8 de febrero de 2017

Fiestas agrícolas en época romana


Hacia el templo de Ceres, pintura de Alma Tadema

En Roma la gran mayoría de las fiestas estaban asociadas, desde los primeros tiempos con momentos relevantes para los habitantes del mundo rural. En un principio los dioses romanos fueron divinidades protectoras que alejaban los males que podían afectar a las gentes, los animales y las tierras en que vivían. Es por ello que la religión romana mantuvo un carácter eminentemente rural hasta el final de la época clásica y el calendario del pueblo romano muestra su origen agrícola y pastoral, tan decisivo para el desarrollo de su cultura y vida social.

En Roma se celebraban desde muy antiguo diversos ritos centrados en propiciar la fertilidad de la tierra, la fecundidad de los animales y la prosperidad de las campesinos y pastores.
El día 15 del mes de abril en las fiestas de Fordicidia cada una de las treinta curias, agrupaciones sociales de la Roma primitiva, sacrificaba una vaca preñada que era ofrecida a Tellus, diosa de la tierra. Con su sangre se regaba el suelo del lugar sagrado, mientras que la carne se troceaba y comía. Se quemaba el feto en un altar situado en la Regia, casa del pontífice máximo y las vestales, entonces, elaboraban el suffimen, con las cenizas y otros ingredientes, como la cola del caballo sacrificado en el mes de octubre y las cenizas de las vainas de habas.

"Cuando llegue el tercer día después de las Idus de Venus, ofreced, pontífices, el sacrificio de una vaca preñada. Forda es una vaca fértil y en estado de preñez…  En esta época es cuando están los ganados con la preñez, y las tierras también, preñadas con las semillas. A la Tierra henchida se le ofrece una víctima henchida. Una parte sucumbe en el alcázar de Júpiter; la curia acoge a treinta vacas y queda salpicada de sangre generosa. Pero cuando los oficiantes han extraído las vísceras a los novillos y han colocado esas entrañas cortadas en los fuegos humeantes, la vestal de mayor edad quema en el fuego a los novillos, para que su ceniza purifique a los pueblos el día de Pales." (Ovidio, Fastos, IV)

Fiesta de Parilia, pintura de Joseph Benoit Suvée

Ese suffimen se empleaba luego el 21 del mismo mes en las fiestas de Parilia, en honor de una divinidad de sexo ambiguo llamada Pales y que era protectora de los rebaños y sus pastores. Esta celebración era también muy arcaica y se iniciaba con la purificación del cercado donde se guardaba al ganado. Se rociaba el suelo con agua purificadora y se barría con ramas de laurel. Se decoraban las vallas y las puertas con guirnaldas de flores y ramas como protección y se fumigaba la zona con azufre y el suffimen de las Fordicidia. A continuación, los pastores encendían una hoguera con ramas de olivo, pino y laurel y rociaban una imagen de Pales con leche le ofrecían una cesta con pasteles de mijo. Mirando hacia el Este, pronunciaban cuatro veces una plegaria para pedir la protección de la divinidad o suplicar su perdón, en caso de haber causado ofensa, y se lavaban las manos en agua corriente. Bebían una mezcla de leche y mosto conocida como burranica potio o sapa. Para terminar, encendían tres hogueras colocadas en fila y saltaban sobre ellas.

"Me reclaman las Parilias. No en vano me reclaman, si la nutricia Pales me asiste. Pales nutricia, asísteme a mí que canto las ceremonias pastoriles, si atiendo con mis cuidados tu festival… Pastor, purifica al caer la tarde a tus ovejas hartas. Primero salpica la tierra con agua y bárrela con una escoba; adorna el redil con hojas y ramas adosadas; adorna la puerta y cúbrela con una larga corona. Produce humo azulado con azufre puro, y que balen las ovejas alcanzadas por el humo del azufre. Quema olivos machos y tea y hierbas sabinas, y que el laurel crepite quemándose en medio del hogar. Y que una cesta de mijo acompañe pasteles de mijo. La diosa campesina se alegra principalmente de este alimento. Añade comida y un jarro de leche, que es lo apropiado, y una vez partidos los alimentos, ruega con leche templada a Pales, habitante de la selva… Por estos medios hay que propiciar a la diosa. Di estas palabras cuatro veces, vuelto a la salida del sol, y lávate las manos con rocío vivo. Luego procede que pongas una gamella, como si fuese un cráter, y bebas la leche blanca como la nieve y el vino cocido color de purpura; y luego procede que atravieses con tu cuerpo y con pie ligero los montones ardiendo de leña crepitante." (Ovidio, Fastos, IV)



Suovetaurilia, Museo del Louvre

En el siglo II a. C. el agrónomo Catón recomienda una ceremonia de purificación de los campos (lustratio agri) para protección de su hacienda, incluyendo amos, esclavos, animales y tierras, con invocación a Marte para propiciar el crecimiento de los frutos y alejar las desgracias, que consistía en básicamente en trazar un círculo protector mediante la procesión de tres víctimas: un cerdo (sus); un carnero (ouis); y un toro (taurus) alrededor del campo que se deseaba proteger antes de inmolarlas.


"Oh padre Marte,
te pido e imploro
que quieras ser propicio
conmigo y nuestra casa y familia:
para esto,
he mandado esta suouetaurilia
alrededor de mi campo, tierra y
fundo;
para que tú
apartes las enfermedades
que se ven y no se ven,
alejes la esterilidad y la
destrucción,
y rechaces los daños y las
tormentas;
y para que tú hagas que los frutos,
los granos, las viñas y las yerbas
broten y permanezcan bien;
y mantengas los pastores y el
rebaño salvos;
y [nos] des buena salud y vigor a
mí y nuestra casa y familia;
para que ésto y,
mi fundo tierra y campo
sean purificados y sea hecha
la purificación,
así, como dije,
he de inmolar en nombre tuyo
esta suouetaurilia de lactantes." (Catón, De Agricultura, 141)

En el mes de enero se celebraban en Roma las Feriae Sementivae en honor de Tellus y Ceres, que no tenían día fijo en el calendario, sino que los pontífices decidían cuando se realizaban siempre al finalizar la siembra de invierno. El primer día se dedicaba a Tellus y el segundo una semana después a Ceres. Las ofrendas consistían en una empanada de espelta y una cerda preñada. La porción divina del sacrificio eran las entrañas que se introducían en una olla (puchero). En el entorno rural se celebraban en los pagi(aldeas) las Paganalia para propiciar el crecimiento de las semillas.

"Si bien no está señalado el día de la fiesta, la época es segura, porque en ella el campo se fecunda con las semillas que en él se arrojan. Estaos con las guirnaldas junto al pesebre, novillos: vuestra labor volverá con la primavera templada. Cuelgue el campesino el arado veterano en su poste: la tierra reacciona con miedo a cada herida. Granjero, da descanso a la tierra después de hacer la siembra; da descanso a los hombres que cultivaron la tierra. Que  la aldea festeje la fiesta; recorred la aldea, colonos, ofreciendo las libaciones anuales a los fuegos aldeanos. Que se aplaque a las madres de las mieses, Tierra y Ceres, preñadas con el grano de trigo en sus entrañas. La Tierra y Ceres cumplen un mismo cometido: esta confiere la razón de ser a las mieses, aquella, el lugar." (Ovidio, Fastos, I)


Fiesta de la cosecha, Pintura de Alma Tadema

El culto a Ceres entre los romanos es antiguo y la diosa fue comparada y homologada oficialmente a la Deméter de los griegos. Como ella, Ceres traía la renovación anual de la primavera a los vegetales y concretamente a los “cereales”, los cuales le deben su nombre.
Al igual que Deméter erraba por los parajes en busca de su hija Perséfone, casada en el mundo de las sombras con su rey Hades, mientras iba renovando el verdor y la sazón de los frutos, los romanos adaptaron la fábula con Ceres, su hija Proserpina y su yerno Plutón.
Después de haber obtenido de Júpiter la promesa de que su hija permanecería seis meses con ella en el cielo (y los otros seis, con su marido en los infiernos) Ceres mudó su rostro por uno más alegre, recobró su ánimo y puso sobre sus cabellos una corona de espigas que le sirvió como símbolo.

El culto a Ceres se difundió principalmente entre los plebeyos, muchos de los cuales eran comerciantes de grano. Por ello Ceres fue tomada como diosa de la annona y protectora de la población de la Urbs en periodos de hambrunas.

La cerda, el puerco y la jabalina eran los animales sacrificados a Ceres y también el carnero. Las guirnaldas que se colocaban las mujeres podían ser de mirto o narciso, pero las flores, salvo la amapola estaban prohibidas, pues recogiendo flores Proserpina fue como Plutón pudo secuestrarla. La inclusión de la amapola se debía a que además de crecer entre la mies, Júpiter se la hubo proporcionado a Proserpina para que el sueño subsiguiente le sirviese de alivio a su pena.

El festival dedicado a Ceres, Cerealia, tenía lugar hacía la mitad del mes de abril y era presidido por los ediles por ser una fiesta de origen plebeyo. Las mujeres solían vestir de blanco y en la ciudad de Roma se incluían juegos escénicos y otras actividades que no se daban en el campo.

"Ahora es el Festival de Ceres. No necesitamos que nadie nos revele la causa. De suyo se hace patente el don y los servicios de la diosa. El pan de los primeros hombres eran las hierbas verdes, que ofrecía la tierra sin que nadie lo exigiese: y ya echaban mano de la hierba viva del césped, ya eran un festín las copas de los arboles con sus tiernas hojas. Conviene que ofrezcáis a la diosa la espelta y el honor de la sal que chisporrotea, y granos de incienso en los viejos
fuegos; y, si falta el incienso, prended teas untadas: a la buena Ceres le gustan las cosas pequeñas, con tal de que sean puras. Apartad los cuchillos del buey, oficiantes de túnica arremangada: que el buey labre; sacrificad a la marrana holgazana." (Ovidio, Fastos, IV)

El día 25 de abril se invocaba al dios Robigo, dios romano de la roya del trigo, enfermedad producida por un hongo, para rogarle que no dañase a las cosechas, en las Robigalia. En esa época con los calores primaverales surgían las primeras espigas que podían ser afectadas por ese mal. En los primeros tiempos la divinidad parece haber sido masculina para pasar a ser femenino ya en época imperial. La ofrenda exigía el sacrificio de un perro y un cordero.

"Ese día, volviendo yo de Nomento a Roma, me encontré con una multitud vestida de blanco en medio del camino.  Un flamen iba hacia el bosque del viejo Tizón (Robigo) para ofrecer a las llamas las entrañas de un perro y las entrañas de una oveja. Al instante me acerqué para enterarme de la ceremonia; tu flamen, Quirino, pronunció estas palabras: «Tizón inmundo, respeta las plantas de Ceres, y que su tallo ligero se cimbree en la superficie de la tierra. Deja tu crecer los sembrados, fertilizados por los astros propicios del cielo, hasta que vengan en sazón para las hoces. Tu poder no es liviano: los trigales a los que tu pusiste tu marca, los da por perdidos el colono entristecido. Ni los vientos ni las lluvias dañan tanto al trigo ni tan pajizo se pone, quemado por el pétreo hielo, como cuando el sol calienta los tallos acuosos. Entonces es el momento de tu cólera, dios temible. Abstente, por favor, y aparta tus manos tiñosas de las cosechas y no dañes los cultivos: ya es bastante que tengas poder para dañarlos. (Ovidio, Fastos, IV)





El 29 de mayo se celebraba la Ambarvalia, una fiesta de lustración de los campos durante la cual se realizaba un rito de fertilidad que consistía en rodear por tres veces el perímetro del campo haciendo una procesión en la que se llevaban un buey, un cordero y un cerdo para ser sacrificados a los dioses, de forma similar a la suovetaurilia descrita por Catón. El cortejo era encabezado por el pater familias acompañado de sus hijos y esclavos. Virgilio describe una celebración en honor de Ceres que puede ser la de Ambarvalia.

"Pero, ante todo, da culto a los dioses y cumple cada año el rito a la gran Ceres oficiando sobre la lozana hierba, cuando ha tocado a su fin el largo invierno, entrada ya la serena primavera. En esta época están gordos los corderos y los vinos entonces se enmollecen, entonces el sueño es dulce y en las montañas la sombra espesa. Que la campesina mocedad se te una a ti para adorar a Ceres, en cuyo honor exprime los panales de miel en leche y vino dulce y por tres veces que la víctima propicia vaya en procesión alrededor de las mieses nuevas, que la acompañen con regocijo la gente y el coro entero y con gritos llamen a Ceres a sus casas y que nadie meta la hoz en las espigas sazonadas, antes de que, en honor de Ceres, ceñida la frente con corona de encina, dance en desordenados movimientos y pronuncie los himnos de ritual." (Geórgicas, I, 338)

Antes de la cosecha se sacrificaba una cerda con la posible intención de aplacar a los dioses Manes que podían verse ofendidos por la intervención en la tierra o por algo mal hecho de forma accidental durante el arado o la maduración del grano.

Pintura Villa de los Misterios, foto Pompeiipictures

El sacrificio de la cerda a Ceres antes de la cosecha implicaba ofrendas de vino y pasteles a otros dioses, como Jano, Júpiter y Juno, mientras se les dirigía plegarias rogando por la salud de la familia y el hogar, según aparece en el texto de Catón.  

“Con incienso y vino, formula una plegaria preliminar a Jano, Júpiter y Juno.”
Antes de sacrificar la cerda, presenta a Jano un pastel con estas palabras: “Padre Sacro, al presentarte este pastel te dirijo sinceras plegarias, para que seas benévolo y propicio para conmigo y con mis hijos, con mi casa y mi gente, satisfecho como estás con este pastel. Toma un bollo para Júpiter y conságraselo con estas palabras: “Júpiter, al ofrecerte este bollo te dirijo sinceras plegarias, para que seas benévolo y propicio para conmigo y con mis hijos, con mi casa y mi gente, satisfecho como estás con este bollo.” Ofrece después vino a Jano con estas palabras: “Padre Jano, del mismo modo que al presentarte el pastel te he dirigido sinceras plegarias, con el mismo fin recibe la satisfacción de un vino nuevo.” Sacrifica después la cerda de propiciación. Cuando se hayan cortado las vísceras, presenta y consagra un pastel a Jano como antes. Ofrece y consagra también a Júpiter un bollo, al igual que antes. Ofrece también vino a Jano y ofréceselo a júpiter, como precedentemente con la ofrenda del pastel y la entrega del bollo. Ofrece luego a Ceres las vísceras y un poco de vino. (Catón, De Agricultura, 134)


Bacante, William Adolphe Boguereau

Las Vinalia eran las fiestas romanas que se celebraban en torno al vino en honor de Júpiter y Venus, para pedir protección sobre las huertas, viñas y vendimia. La Vinalia priora o urbana se celebraba el 23 de Abril, para bendecir y degustar el vino del año anterior y pedir buen tiempo hasta la siguiente cosecha. La fecha de la Vinalia rustica era el 19 de Agosto, antes de la vendimia y prensado de la uva.
Las Vinalia eran las fiestas romanas que se celebraban en torno al vino en honor de Júpiter y Venus, para pedir protección sobre las huertas, viñas y vendimia. La Vinalia priora o urbana se celebraba el 23 de Abril, cuando se abrían los odres de vino del año anterior para bendecirlo y degustarlo y también para pedir buen tiempo hasta la siguiente cosecha. La fecha de la Vinalia rustica era el 19 de Agosto, cuando se sacrificaba un cordero al dios Júpiter para pedir protección contra las tormentas de verano que podían dañar las uvas antes de la vendimia. El sacerdote arrancaba un racimo de uvas de la viña y hasta que la ceremonia no se llevaba a cabo no se podía traer mosto nuevo a la ciudad. El 11 de octubre tenía lugar la Meditrinalia cuando se bebía el primer mosto de la reciente vendimia y se rogaba a Júpiter por la salud.

Del mismo modo, los colonos Ausonios, linaje de Troya, se divierten en improvisar versos sin medida, soltando carcajadas, y se ponen horribles caretas, hechas de cortezas labradas, invocándote, ¡oh Baco!, en sus alegres cantares y suspendiendo en tu honor de los altos pinos figurillas que representan tu imagen. De aquí proviene que todo el viñedo se llene de abundante fruto, y lo mismo los huecos valles y los profundos bosques y todos los sitios adonde vuelve el dios su hermosa cabeza. Cantemos, pues, según la antigua usanza, los loores de Baco en versos patrios, y tributémosle ofrendas y sacrificios; llevemos arrastrado por los cuernos a sus aras un cabrón sagrado y tostemos sus pingües entrañas en asadores de avellano. (Virgilio, Georgicas, II)

El dios Liber era una antigua divinidad itálica relacionada con los ritos de carácter productivo y reproductivo. Se le consideraba protector de la viña y de los frutos húmedos. Era frecuente que se le ofreciera exvotos de reproducciones de órganos sexuales además de celebrarse un ritual que comportaba el culto al falo como propiciador de la fecundidad de la siembra. Líber acabaría asimilándose a Baco como dios del vino, aunque en su faceta campesina principalmente y sería venerado por los vendimiadores y taberneros y comerciantes que le rogaban protección para sus negocios. Su fiesta se celebraba el día 17 de marzo en la Liberalia.



Ya en el cristianismo San Agustín relata cómo se llevaban a cabo los antiguos ritos dedicados al dios Líber:

"En las encrucijadas de Italia se celebraban los misterios de Libero dice Varrón, y con tal libertinaje y torpeza, que en su honor se reverenciaban las vergüenzas de los hombres. Y esto se hacía no en privado, donde fuera más verecundo, sino en público, triunfando así la carnal torpeza. Este impúdico miembro, durante las festividades de Libero, era colocado con grande honor en carrozas y paseado primeramente del campo a las encrucijadas y luego hasta la ciudad… En estos días se usaban las palabras más indecorosas, hasta que aquel miembro, en procesión por las calles, reposaba por fin en su sitio. A este miembro deshonesto una honesta madre de familia debía imponerle públicamente la corona. Así había que aplacar al dios Libero para un mayor rendimiento de las cosechas." (San Agustín, La ciudad de Dios, VII, 21)

Las fiestas agrarias que se realizaban con buen tiempo terminarían con una celebración festiva en la que se comería, bebería y se disfrutaría, llegando en casos a la embriaguez.

"Entonces, tras cumplir con el dios, la juventud se tumbará en la hierba, por donde cae agradable la sombra de un antiguo árbol o con su propia ropa formarán sombrillas ceñidas de guirnaldas y hasta la propia copa se alzará coronada. Que cada cual prepare para sí por todo lo alto banquetes y mesas festivas en el césped y un lecho también en el césped." (Tibulo, II, 5)



Pintura de Giovanni Muzzuoli

Bibliografía:

repositori.uji.es/xmlui/handle/10234/114188; Vestigios del culto a Ceres en la Valentia
romano-republicana; Luciano Pérez Vilatela
https://uvadoc.uva.es/bitstream/.../1/2004-17- PlautoYElDiosDeLaLibertadYDelVino.pdf; PLAUTO Y EL DIOS DE LA LIBERTAD Y DEL VINO: LIBER-DIONISO-BACO; MANUEL-ANTONIO MARCOS CASQUERO
Cult Places and Cultural Change in Republican Italy; Tesse Dieder Stek; Google Books
The Roman Goddess Ceres; Barbette Stanley Spaeth; Google Books

domingo, 2 de octubre de 2016

Amimone, ninfa de las fuentes

Neptuno y Amimone, Mosaico de las Metamorfosis, Villa romana de Carranque, Toledo
El mosaico muestra a Eros, el amor, que monta sobre un caballo, símbolo de Neptuno y se acerca a Amimone, que se apoya sobre un cántaro del que mana agua, representación que evoca normalmente a una fuente o rio.

Desde muy antiguo, el mundo de lo sagrado y lo religioso halló en el agua un motivo de veneración, sobre todo, en las zonas donde el agua era escasa. Los hombres dotaron a sus manantiales y a sus cursos de agua de culto con rituales propios.

Las ninfas eran espíritus divinos que personificaban elementos de la naturaleza llenos de vida como fuentes y árboles. Los sentimientos que el hombre mostraba al contemplar la naturaleza se atribuían a la influencia de algunas de ellas. Se relacionaban con dioses superiores como Apolo, Artemisa (Diana), Pan y los Sátiros, junto a los que participaban en celebraciones de origen báquico. Se representaban en obras de arte como hermosas doncellas desnudas o semidesnudas, que aman, cantan y bailan.



Ninfas y sátiro, pintura de William- Adolphe Bouguereau

“El espectáculo de esos lugares no sólo alegra a los hombres: no me cuesta creer que los Sátiros montaraces y las Náyades de ojos verdes, acuden aquí, a estas apartadas orillas, cuando la alegre audacia incita a los Panes de patas de cabra y saltan por los vados y asustan a sus miedosas hermanas en el río, golpeando el agua con movimientos desordenados. Además, con frecuencia, la fluvial Panope, que ha robado de la ladera de las colinas unas uvas, huye entre sus amigas, las Oréades, de los lascivos Faunos, divinidades campestres. Y se dice que, cuando el ardiente Sol se detiene en el centro de la bóveda celeste, los Sátiros y sus cristalinas hermanas celebran en las aguas comunes bailes fraternales, al tiempo que la calina ardorosa ha ofrecido unas horas de reposo, que no propician el encuentro de la gente: entonces, jugando entre burlas a lo largo de sus aguas, las Ninfas sumergen a los Sátiros en los vados y escapan a las manos de esos nadadores inexpertos que buscan, con engaño, sus escurridizos  miembros y abrazan en vez de cuerpos las líquidas aguas.” (Ausonio, Mosela, 5)

Las náyades eran ninfas de agua dulce, dotadas de gran longevidad, pero mortales. La esencia de una náyade estaba vinculada a su masa de agua, de forma que, si ésta se secaba, ella moría.
Todas las fuentes y manantiales célebres tenían su náyade o su grupo de náyades, llamadas habitualmente Creneas, normalmente consideradas hermanas, hijas del dios-rio de la región en la que
habitaban, y con su leyenda propia.

La diosa Yuturna, por ejemplo, era una divinidad latina de las aguas, especialmente de las fuentes y de los ríos a la que en el foro romano se le dedicó una fuente sagrada a la que atribuyeron propiedades curativas. El dios Jano era padre de fuentes, ríos y manantiales, Tiberino era el dios del río Tiber y Fontinalis protegía las fuentes urbanas. El dios más antiguo fue Fons y su fiesta, las Fontinalia, aún se celebraba en época imperial el 13 de octubre y en ese día se honraba a las fuentes en general.


Mosaico con Neptuno y Amimone, Paphos, Chipre

En el mito de Amimone se narra que el dios (Poseidón), irritado por haber perdido ante la diosa Hera el patronazgo de Argos, provocó que las fuentes de la Argólida se secasen. Por ello las Danaides – hijas del rey Dánao, que era el gobernante de la región, tuvieron que partir con sus cántaros a buscar agua.

“Pero estando el país falto de agua, porque Posidón irritado con Ínaco había desecado las fuentes por haber testimoniado éste que la región pertenecía a Hera, Dánao envió a sus hijas a buscar agua. Una de ellas, Amimone, mientras buscaba agua disparó un dardo sobre un ciervo y alcanzó a un sátiro que dormía; se despertó y deseó yacer con ella. Entonces se apareció Poseidón y el sátiro huyó, y Amimone se unió con él; por ello Posidón le reveló las fuentes de Lerna.” (Apolodoro, II)


Lekythos, Poseidón y Amimone,
Museo Metropolitan, NY
Ya en el siglo V a. C. aparece en las pinturas de los vasos griegos la escena de Poseidón con el tridente, con el que golpea la roca de la que manará el agua de la fuente recién nacida, junto a Amimone con un cántaro.

 Otras versiones griegas y latinas proporcionan alternativas al mito aún con los mismos protagonistas, como en los Diálogos Marinos, de Luciano de Samosata.

Tritón. — Hasta Lerna se acerca, Poseidón, cada día a buscar agua una muchacha que es una preciosidad. No sé yo si he visto a una chica más guapa.
Poseidón. — ¿Te refieres, Tritón, a una muchacha libre o a una criada que va a por agua?
Tritón. — ¡Qué va! Es hija del famoso Egipto, una de las cincuenta; se llama Amimone; me informé de cómo se llamaba y de su linaje. Dánao es sumamente estricto con
sus hijas y les enseña a valerse por sí mismas y las envía a sacar agua del pozo y las educa para que no sean unos pasmarotes.
Poseidón. — ¿Y acude aquí ella sola tras hacer un trayecto tan largo desde Argos a Lerna?
Tritón.Ella sola; Argos es tierra sedienta, como sabes, así que no hay más remedio que ir por agua.
Poseidón.Me has alterado, Tritón, al hablarme de la muchacha, así que vamos hasta ella.
Tritón. — Vayamos. Es ya el momento de ir por agua; ya casi está a mitad de camino en dirección a Lerna.
Poseidón. — Pues venga, engancha el carro; como se tarda bastante en enganchar los caballos a la gamella y en preparar el carro, tráeme mejor un delfín de los veloces, que a lomo suyo cabalgaré muy rápidamente.
Tritón.Ahí tienes este delfín, el más veloz.
Poseidón. — Estupendo, vayámonos. Tú ve nadando a mi lado, Tritón. Y ahora que ya estamos en Lerna yo me voy a poner aquí al acecho, tú observa y cuando notes que se acerca...
Tritón. — Ahí la tienes, ya se acerca.
Poseidón. — Qué chica tan guapa y tan hermosa. Pero... tendremos que secuestrarla.
Amimone. — ¡Eh, hombre!, ¿dónde me llevas raptada? Eres uno de esos mercaderes de esclavas y me parece que te ha enviado mi tío Egipto. Así que voy a llamar a voces a mi padre.
Tritón. — Calla, Amimone, que es Poseidón.
Amimone. — ¿A santo de qué citas a Poseidón? ¿Por qué intentas forzarme, hombre, y me arrastras al mar? Pobre de mí, si caigo al agua, me ahogaré.
Poseidón. — Tranquila, que no te va a pasar nada malo, antes bien, golpeando la roca con mi tridente haré brotar una fuente que lleve tu nombre. Y tú serás feliz y la única de tus hermanas que no tendrá que ir por agua después de muerta. (VIII, Tritón y Poseidón)



Fresco Neptuno y Amimone, Villa de Carmiano, Stabbia, Itlaia

Eran a menudo el objeto de cultos locales arcaicos, adoradas como esenciales para la fertilidad y la vida humana. Los jóvenes que alcanzaban la mayoría de edad dedicaban sus mechones infantiles a la náyade del manantial local. Con frecuencia se atribuía a las náyades virtudes curativas: los enfermos bebían el agua al que estaban asociadas o bien, más raramente, se bañaban en ellas. Era éste el caso de Lerna, donde también se ahogaba ritualmente a animales. Los oráculos podían localizarse junto a antiguas fuentes.
Las náyades también podían ser peligrosas. En ocasiones, bañarse en sus aguas se consideraba un sacrilegio y las náyades tomaban represalias contra el ofensor. Verlas también podía ser motivo de castigo, lo que normalmente acarreaba como castigo la locura del infortunado testigo.

“Junto al agua caudal de esta fuente a mí, Pan, el de patas
de cabra, con las ninfas Simón me ha colocado.
Y la causa hela aquí: está a tu alcance el beber cuanto quieras
de la fuente y meter en ella vasijas,
mas no puedes lavarte los pies con el don cristalino
de las ninfas so pena de sufrir mis ataques.
Y, si no, que prestarte tendrás sin excusa ninguna
a que yo te penetre; tal es de Pan la norma.
Ahora bien, si de intento lo hicieres porque ello te agrade,
hay también otro método: romperte la cabeza.” (Antología Palatina, 525)

La figura de Pan, guardiana de una fuente junto con otras de unas ninfas, amenaza a los viandantes si se bañan en ella, aunque sí pueden beber sus aguas.

Desde antiguo, el mundo de lo sagrado y lo religioso halló en el agua un estímulo importante para la veneración. Debido a la dependencia del agua, los hombres dotaron de personalidad diferente a sus manantiales y a sus cursos de agua. Es el caso de los ríos sagrados y las fuentes santas, con un culto y caracteres rituales propios.



Mosaico con la imagen de la fuente Castalia

 En Grecia la fuente de Castalia es citada como un lugar relacionado directamente con Apolo y su oráculo, y que servía para la purificación ritual tanto de las pitias, como de los otros sirvientes del oráculo, que se lavaban sus cabellos con sus aguas, como del propio templo de Apolo, sobre el que se vertían gotas de agua para humedecerlo. También se purificaban en la fuente los que venían a consultar el oráculo, y se consideraba que su agua favorecía la inspiración de los poetas.
Pausanias debió ver una fuente helenística o romana con hornacinas cavadas en la roca para recibir los regalos votivos y que estaba situada unos 50 metros más arriba de la fuente arcaica, ambas alimentadas por un manantial sagrado.

“Subiendo del gimnasio por el camino que va al santuario está a la derecha del camino el agua de la Castalia y agradable de beber. Unos dicen que el nombre se lo dio a la fuente una mujer del lugar, y otros un hombre llamado Castalio. Pero Paniasis, hijo de Poliarco, que escribió una epopeya relativa a Heracles, dice que Castalia fue una hija de Aqueloo. Efectivamente dice acerca de Heracles:

El nevado Parnaso con sus veloces pies cruzando
llegó al agua inmortal de Castalia, hija del Aqueloo.

También he oído que el agua es un regalo del río Cefiso a Castalia. Esto dice también Alceo en su himno a Apolo; y lo confirman sobre todo los lileos, que arrojan en la fuente del Cefiso en ciertos días pasteles del lugar y otras cosas dictadas por el uso, y dicen que aparecen de nuevo en Castalia. (Pausanias, Descripción de Grecia, X)


Fuente arcaica Castalia, Delfos, Grecia, foto de Rolling hills

Se erigían pozos o fuentes en los caminos y en las villas romanas aprovechando veneros naturales en las que se colocaban figuras de los dioses a los que se consagraban sus aguas. A ellos se hacían súplicas y se les dejaban ofrendas.

“A vosotras, las ninfas que el agua caudal de esta fuente
desde lo alto del monte derramáis, joh, náyades!,
las figuras consagra y de dos jabalíes los morros
hirsutos Damóstrato, que de Antilao es hijo.”(Antología Palatina, 188)

En época romana, el culto a estas divinidades, con el fin de dar cumplimiento a un voto o librarse de algún mal, formaba parte de un proceso en el que se cumplían unos ritos que incluían la edificación de un pequeño altar con una dedicatoria. Pero si el dedicante no era capaz de sufragar los gastos de fabricación y cumplir con los ritos como signo de agradecimiento hacia la divinidad, le podría resultar más fácil ofrecer alguna moneda o stips. Este era el término utilizado por los romanos para denominar a estas ofrendas, es decir, eran las monedas de bronce de poco valor que se acostumbraba a entregar como donativo o limosna. No todas las ofrendas que se hacían eran stipes, es decir, monedas de bronce de poco valor, como ases o dupondios, sino que se arrojaban sestercios y monedas de plata y oro, como denarios, áureos o sólidos.


Estela dedicada a las fuentes, Museo de Bérgamo, foto de Luca Giarelli

Las divinidades más favorecidas con estas ofrendas monetarias fueron las Ninfas y las aguas que más beneficios causaron o por las que se sintieron más agradecidos los visitantes fueron las de aguas sulfuradas-cálcicas, es decir, las que se recomiendan principalmente para los problemas de dermatosis, neurosis y catarros crónicos de las vías respiratorias.

"Has visto alguna vez la fuente del Clitumno? Si no las has visto allí (y pienso que aún no, de otro modo me hubieses comentado), hazlo; yo las he visto hace muy poco, y lamento profundamente la tardanza. Se levanta una pequeña colina, cubierta con un umbroso bosque de viejos cipreses.  Al pie de esta brota una fuente que se expande en diversos brazos de diferente tamaño, y una vez superado el remolino que forma, se abre en un amplio estanque, tan transparente y cristalino, que podrías contar las monedas que han sido arrojadas y los cantos rodados que brillan en el fondo.” (Plinio, Epis. VIII, 8)

Las ninfas griegas poblaban las aguas y los bosques y eran expertas en la danza y su actuación era generalmente favorable tanto para con los dioses como para con los mortales y, mantenían relaciones amorosas con dioses, y con humanos a quienes daban incluso hijos mortales.



Mosaico de Pegaso y fuente, Villa de Almenara-Puras, Valladolid

Pirene, ninfa hija del dios-río Aqueloo, fue amante de Poseidón, con el que tuvo dos hijos. Cuando se enteró de que la diosa Artemisa había matado accidentalmente a su hijo Cencrias, Pirene se deshizo en tal cantidad de lágrimas que con ellas se formó la fuente que lleva su nombre, que estaba dedicada a las musas y en la que bebía el caballo alado Pegaso cuando Belerofonte lo capturó y amaestró. Sin embargo, Ovidio la hace surgir a partir de una patada del divino caballo.

"Palas: Me han contado la historia de una fuente que Pegaso con su dura pata hizo salir de esta montaña. Las maravillas que de ella me han contado me han hecho venir hasta aquí. Como yo estaba presente cuando Pegaso nació de la sangre de Medusa, ahora quiero ver si es cierto el prodigio de la admirable fuente.
Musas: Cualquiera que sea el motivo de tu llegada, ¡oh diosa!, nos sentimos venturosas de tu presencia. Es cierto que fue Pegaso quien ha hecho brotar estas aguas de que hablas.
Condujo una de las Musas a la diosa hacia la fuente, quedándose por largo tiempo admirada. Visitó los antros y las cuevas, viéndose por todas partes gran cantidad de flores mezcladas con la hierba del prado." (Metamorfosis, V, 2)

También los mortales podían sufrir la metamorfosis por la cual se convertían en fuentes. Las lágrimas derramadas por la pena los acababan transformando en manantiales.
Ovidio cuenta la leyenda de Biblis, una joven que fue víctima de un amor prohibido hacia Cauno, su hermano gemelo. El poeta latino describe el proceso que atraviesa la protagonista de la leyenda hasta que por un ensueño erótico descubre la verdad de sus sentimientos, que cree provienen del amor fraterno.

 
Pintura de John William Godward


Al principio Biblis se resiste a aceptar las sensaciones que experimenta, pero finalmente decide declarar su amor a Cauno por medio de unas tablillas. El joven rechaza esta relación, y   huye de Mileto, su patria. Biblis, muy triste, vaga por campos y ciudades; y a pesar de la ayuda que le ofrecen las Ninfas para terminar con su desesperación, la tierra se humedece con su llanto y la joven acaba transformándose en la fuente que recibió su nombre.

“Muchas veces a ella las ninfas con sus tiernos brazos, las Lelégides,
levantarla intentaron, muchas veces de que remedie su amor
la aperciben y allegan consuelos a su sorda mente.
Muda yace, y verdes hierbas retiene en sus uñas
Biblis y humedece las gramas con el río de sus lágrimas.
Las Naides a ellas una vena que nunca secarse pudiera
dicen que debajo le pusieron. Pues ¿qué más grande que darle habían?
En seguida, como de la cortada corteza de una pícea las gotas,
o como tenaz de la grávida tierra mana el betún,
y como al adviento del favonio, que sopla lene,
con el sol se ablanda de nuevo la onda que el frío detuvo,
así de sus lágrimas consumida la Febeia Biblis
se torna en manantial, el cual ahora todavía en los valles aquellos
el nombre tiene de su dueña, y bajo una negra encina mana.” (Metamorfosis IX, 652)

El elemento religioso está presente en los jardines romanos con el culto a diferentes fuerzas de la naturaleza. El agua juega un papel esencial como símbolo de la naturaleza fértil y de purificación, además de ser un elemento decorativo fundamental en la domus. La creación artificial de ninfeos o la construcción de estanques y canales y la representación escultórica de escenas mitológicas pretenden evocar las fuentes naturales y los ríos a los que se rinde culto por todo el imperio.
El ninfeo era un monumento consagrado a las ninfas, especialmente a las de las fuentes. Originalmente estos monumentos fueron grutas naturales, que se consideraban tradicionalmente el hogar de la ninfa local.

  
Fuente de jardín, Pompeya

Estos ninfeos se pusieron muy de moda en Roma y se sabe que la piedra pómez se utilizaba en los jardines y triclinios de verano de las grandes villas para hacer grutas artificiales. Estas fuentes ornamentales se adornaban con mosaicos de vivos colores, con conchas marinas y representaciones de divinidades acuáticas.

Acerca de la propia quinta nada puedo decirte con precisión: pues solo conozco la fachada y los exteriores, visibles incluso para los transeúntes. Cuenta con dos grutas de ambiciosa estructura, iguales en dimensión a cualquier atrio espacioso, construidas a mano, de las que una no recibe el sol, la otra lo conserva hasta el ocaso. Un riachuelo cruza, por en medio un bosque de plátanos, a modo de canal, que desagua de un lado en el mar y de otro en el lago Aquerusio, siendo suficiente para producir peces, por más que frecuentemente se le vacíe. Pero, cuando el mar está abierto, se le reserva; en cambio, si el mal tiempo brinda vacación a los pescadores, basta alargar la mano al criadero. (Séneca, Epis. LV)



Ninfeo monumental, Villa Quintilios, Roma

Durante los primeros tiempos del cristianismo se mantenían el culto a estas divinidades de la naturaleza, sobre todo, en el ámbito rural, lo que era fuertemente criticado por algunos autores de la nueva fe que veían todos los símbolos paganos como obras del mal.

"He aquí cuales fueron en aquel tiempo estos hombres depravados los cuales, a causa de sus pésimas invenciones, dan culto los rústicos ignorantes Los demonios se apropiaron sus nombres, como nombres de dioses, a fin honrarles como a tales, ofrecerles sacrificios, e imitar sus acciones, cuyos nombres invocaban.
Los demonios les persuadieron también a que les edificasen templos, que colocasen en ellos imágenes o estatuas de hombres facinerosos, y les levantasen altares en los cuales no sólo derramasen sangre de animales sino también de hombres. Además de todas estas cosas, muchos de estos demonios, que fueron expulsados del cielo, presiden o en el mar, o en los ríos, o en las fuentes, o en bosques, a los cuales los hombres igualmente ignorantes que no conocen a Dios los honran como a Dios y les ofrecen sacrificios.
En el mar lo llaman Neptuno, en los ríos, Lamias; en las fuentes, Ninfas en los bosques, Dianas; todas estas cosas no son más que demonios malignos y espíritus malos que pervierten a los hombres infieles que no saben protegerse con el signo de la cruz." (Martín de Braga, De correctione rusticorum, 8)

En los alrededores de las ciudades se edificaban fuentes públicas que se convertían en lugares de celebración de ritos, como el de purificación antes de entrar en la ciudad, y que evocaban antecedentes en la que se mezclaban distintos mitos y leyendas, como la de la fuente-ninfeo de Egeria, junto a la Puerta Capena en Roma.

“Corre desde allí un riachuelo pedregoso con murmullo inseguro. Yo he bebido muchas veces de él, pero a pequeños sorbos. La que ofrece el agua es Egeria, diosa grata a las Camenas. Ella era la esposa y consejera de Numa.” (Ovidio, Fastos, III)


Fuente de Egeria, Parque de la Caffarella, Roma

De las distintas versiones que existen sobre el origen de esta fuente se puede conocer que Numa, rey de Roma, tuvo como esposa a la ninfa Egeria, que le sirvió como consejera, y que una vez muerto el esposo su desconsuelo fue tal que la diosa Diana, conmovida por sus lágrimas, la convirtió en fuente.

“Con el alma formada por tales enseñanzas y otras más dicen que
Volvió Numa, y, habiéndosele requerido para ello, tomó las riendas
Del pueblo del Lacio. Y, disfrutando de tener por esposa a una ninfa
Y por inspiradoras a las camenas, dio a conocer los ritos del culto divino,
Y a aquella población habituada a la guerra salvaje la hizo pasar
A la civilización de la paz. Cuando, anciano ya, terminó su reinado y
Su vida, las damas latinas y el pueblo y los padres lloraron la muerte
De Numa; en cuanto a su esposa, abandonando la ciudad, se esconde
Y oculta en las densas selvas del valle de Aricia y con sus gemidos y
Lamentos estorba los cultos de la orestea Diana. ¡Ah, cuántas veces
Las ninfas del bosque y del lago le aconsejaron que no lo hiciera y le
dijeron palabras de consuelo! ¡cuántas veces mientras ella lloraba le
dijo el héroe hijo de Teseo: “Acaba ya, que tampoco es tu desgracia
la única que hay que lamentar; considera parejas desventuras de
otros: soportarás lo tuyo con más mansedumbre, y ojalá mi ejemplo
no pudiera aliviar tu dolor, pero también el mío puede hacerlo.

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Pero las calamidades ajenas no son capaces de aliviar la aflicción
De Egeria: y tendida en la parte más baja de la falda de un monte se
deshace en lágrimas hasta que la hermana de Febo, impresionada por
la piedad de la apenada, hizo de su cuerpo una helada fuente y
adelgazó sus miembros hasta convertirlos en inagotables aguas.” (Ovidio, Metamorfosis, XV) 

Las fuentes y cursos de agua eran considerados lugares de unión entre el mundo terrenal y el inframundo por lo que en ellos se celebraban rituales mágicos y se depositaban tablillas de maldiciones y objetos relacionados con la magia que ayudara a los suplicantes a obtener ayuda de los dioses subterráneos para conseguir sus propósitos, amor, venganza o posición social.


Mosaico de Neptuno y Amimone, Museo de Charnia, Creta

Bibliografía

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https://revistas.ucm.es/index.php/CFCA/article/viewFile/CFCA7272120193A/35000; EL ENSUEÑO DE BIBLIS: OVIDIO Y APOLONIO; Pilar Saquero Suárez-Somonte
https://www.academia.edu/20160187/El_agua_en_la_villa_entre_la_funcionalidad_y_la_banalización_en_los_casos_de_las_villas_del_Pla_de_lHorta_y_els_Ametllerss; El agua en la villa. Entre la funcionalidad y la banalización: Los casos de las villas del Pla de l’Horta y Els Ametllers; Lluis Palahí Grimal, Ana Costa Solé y Marc Lamuà Estañol
http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:ETFSerie2-1EA3CAD2-22AE-5020-2E36-1310E3751A3E&dsID=Documento.pdf; La moneda como ofrenda en los manantiales; Manuel Abad Varela
http://interclassica.um.es/var/plain/storage/original/application/f5d58e05a259229c9e974434d564c420.pdf; LA AMIMONA DE ESQUILO; José María Lucas
www.navarra.es/appsext/bnd/GN_Ficheros_PDF_Binadi.aspx?Fichero...0215...pdf; Las ninfas de Niencebas. Aproximación hermenéutica a la religiosidad romana del culto a las aguas en los Baños de Fitero; José Manuel San Baldomero Úcar
revistas.ucm.es/index.php/CFCL/article/download/CFCL9999220177A/34589; Ninfa de la fuente; Antonio Ruiz de Elvira
https://es.scribd.com/doc/246921960/244143121-Elvira-Barba-M-a-Arte-y-Mito-Manual-de-Iconografia-Clasica; Arte y mito. Manual de iconografía clásica; Miguel Ángel Elvira Barba