Mosaico de las Metamorfosis

Mosaico de las Metamorfosis

viernes, 10 de octubre de 2014

Canes villatici, perros guardianes y de caza en la villa romana


El perro ha acompañado desde tiempos inmemoriales al hombre durante la caza. En el arte Mesopotámico, Egipcio, Griego y Romano hay muestras de cómo los perros acompañaban a sus amos en las tareas cinegéticas y cotidianas.  Los griegos utilizaban a los perros para perseguir las presas y llevarlas hasta las redes donde las arrinconaban y los cazadores las apresaban.
“Afirma Jenofonte que todas las liebres que son atrapadas por los perros lo son a pesar de su constitución tísica y por azar. Si él hubiera conocido los perros de la Galia, me parece que es de estos perros de los que hubiese hablado en tales términos y hubiera dicho: todas las veces que los perros no cazan una liebre a la carrera es a pesar de su constitución física o por azar, ya que a estos perros, una liebre nunca se les escaparía a menos que el terreno ofrezca algún obstáculo, que un bosque oculte a su presa, que desaparezcan en un agujero o no protegiesen su fuga bordeando el fondo de un barranco. La ignorancia de esta casta de perros explica por qué Jenofonte, cuando habla de perros que persiguen a la liebre, describe el arte de empujarla hacia redes y trampas y, si las esquiva, seguir sus huellas hasta el momento en que, agotada por la fatiga, renuncie a huir. Jenofonte se contenta, en efecto, con exponer la caza tal como la practican los carios y los cretenses.” (Arriano)

Relieve asirio con perro de caza

Los romanos denominaban a los perros de caza venatici y los dividían según la clase de cacería para la que estaban predestinados. Los sagaces eran los que se usaban para seguir los rastros de las presas (sabuesos). Entre ellos estaban los perros Umbros, Carios y Cretenses. Opiano describe un tipo de perro, el Agassaeus, de origen Británico, como de tamaño pequeño, pero fuerte y muy afamado por su capacidad olfativa para  encontrar  la presa siguiendo el rastro por el olor dejado en tierra y en el aire.
 Los celeres eran los perros veloces usados para la persecución de las presas. Para la caza de la liebre se usaba el lebrel (canis Vertragus) apreciado por su velocidad.



 Y los pugnaces,  entre los cuales destacan los de Anatolia, Acarnania y los famosos Molosos, usados para atacar a las desdichadas presas, sobre todo, osos, jabalíes y fieras salvajes.
En este fragmento de la obra de Séneca, Hipólito hace recomendaciones a los cazadores sobre cómo dirigir a los perros de caza, mientras vemos las razas de perro que intervienen en la partida.
“Pero vosotros a los perros callados
Dejad las riendas flojas; retengan al ardiente
Moloso las correas y el luchador
De Creta tense las fuertes ataduras
Con su cuello gastado
Y al Espartano, un tipo de animal
Audaz y ansioso, ¡mucho cuidado!, átalo más corto;
Vendrá el momento en que con los ladridos
Resonarán los huecos de las rocas.
Ahora, sueltos con su sagaz olfato
Husmear la brisa, y con su hocico en tierra
Busquen las huellas, mientras la luz no es clave,
Mientras la tierra llena de rocío
Mantiene impresa la señal de los pies. (Séneca, Fedra, act. I)


Detalle del Mosaico de la caza, Piazza Armerina, Sicilia (Foto de Aidan Mcrae Thomson)

Los perros pastores, pastorales, se destinaban al cuidado y transporte de los ganados. Defendían el ganado de los depredadores que acechaban por los caminos, campos y bosques. Los villatici eran los perros destinados a la custodia de casas, villas  o talleres avisando si aparecían extraños. Según los escritores agrícolas el perro de guardar el ganado, en establo o en pastoreo, no debía ser tan ligero como los que perseguían  a los gamos o a los ciervos, ni tan pesado como los que guardaban  la casería y los graneros, pero lo suficiente para que pudieran pelear contra los lobos, y ligero para seguirlos cuando huían, hacerles  soltar la presa y devolverla.


Detalle de mosaico, Museo del Bardo, Túnez (Foto Sallycat)

Varrón recomienda que haya un perro por cada pastor y la cantidad total debería depender de si en la región había muchas alimañas o del tamaño del ganado. También escribe que se les colocaba unos collares alrededor del cuello, unas correas de cuero duro forradas con pieles blandas para no dañar el cuello, pero que llevaban unos clavos para protección contra las fieras.


Detalle con collar de perro, mosaico Villa de Carranque
Columela resaltó que el perro guardián de las villas debía ser oscuro de piel “porque un perro oscuro tiene una apariencia más aterradora y durante el día puede hacerse notar, y asustar con su apariencia al merodeador. Cuando cae la noche, el perro, perdido en las sombras, puede atacar sin ser visto… su temperamento no puede ser ni muy noble ni muy feroz y cruel; mientras que lo primero lo haría demasiado apto para aceptar a un ladrón. Lo segundo lo predispondría a atacar a las personas de la casa.”
“No importa que los perros guardianes de la casa tengan cuerpos pesados y que no sean de paso ligero. Ellos nacieron para cumplir su tarea en un lugar reducido y no necesitan correr lejos.”

Perro Moloso. Museo Británico.
(Foto Marie-Lan Nguyen)
Los asirios criaban perros grandes y poderosos para utilizarlos tanto en las batallas como en la caza de leones y de otras fieras. Eran perros con hocico fuerte y corto, cabeza inmensa, patas musculosas, cuerpo grande y pesado. Se utilizaban para proteger al ganado de los depredadores de gran tamaño y cuidar las propiedades.  Estos perros llamados Molosos, naturales de Épiro, fueron extendidos por los fenicios por todo el Mediterráneo y zonas de Europa occidental. Julio César los llamó Pugnaces Brittanae.
Opiano en el año 212 d.C. recomienda el perro Laconio, delgado y muy rápido, para cazar la gacela, el ciervo y la liebre. Describe el Moloso como un perro no rápido pero fuerte y valiente. Recomienda perros que no ladren porque el silencio es la norma de los cazadores y sobre todo de los rastreadores.

 “No dejes para lo último el cuidado de los perros, antes cría justamente con pingüe suero los cachorros corredores de Esparta y el fiero mastín Moloso; con tales guardas nunca tendrás que temer en tus majadas al ladrón nocturno, ni las incursiones de los lobos, ni que te cojan desprevenido los errantes iberos. También a veces podrás a la carrera perseguir a los tímidos onagros y cazar liebres y gamos con perros: muchas veces también con sus ladridos sacarás a los jabalíes de sus agrestes guaridas, y acosando con vocerío por los montes al corpulento ciervo le obligarás a caer en tus redes.” (Virg. Georg. III)



El galgo fue para la cultura romana un aclamado cazador y acompañante de la sociedad aristocrática siguiendo la tradición adquirida de Egipto. Los celtas llamaron a los galgos vertragi, pies rápidos, pues estaban destinados a la caza menor, donde el animal no necesita una gran ferocidad o corpulencia.


“No caza para sí, sino para su amo, el bravo lebrero, que te llevará entre sus dientes la liebre sin dañarla." (Marcial, XIV, 200)



Detalle de mosaico de una villa en Cesarea

El perro Vertragus revolucionó la caza. Cazaba con la vista, en vez del olfato, y con él el cazador podía seguir la caza a caballo, en vez de correr a pie. Era tan rápido que se empleaba en la caza deportiva, deporte de origen Celta para perseguir a la liebre sin matarla.
“Entre los machos, los mejores son aquellos que, grandes y bien conformados, se parecen a las hembras por su flexibilidad, y entre las hembras, las mejores son aquellas que tienen el ardor y el cuerpo musculado de los machos"

"La perra es ciertamente más rápida y precoz que el macho, pero éste suele ser mejor para soportar la fatiga y corre en toda estación del año. Tiene más alto precio, porque las buenas perras abundan, mientras que no es fácil encontrar un buen perro. Es preciso considerar también que una perra conserva su rapidez hasta los cinco años y un perro puede conservaría hasta los diez. Hay que estimar como un gran tesoro un macho verdaderamente bueno y atribuir a la protección de los dioses el que un cazador dé con uno de estos.”
(Arriano)


Marcial escribió un epigrama sobre una perra entrenada para la caza:

“Criada entre los entrenadores del anfiteatro, cazadora, intratable en el bosque, cariñosa en casa, me llamaba Lidia, fidelísima a mi dueño, Dextro, que no hubiera preferido tener la perra de Erígone, ni el de raza cretense que, siguiendo a Céfalo, llegó con él hasta la estrella de la diosa que trae la luz. No se me llevó una larga sucesión de días, ni la edad inútil, como fue el destino del perro de Duliquio. Me mató el fulminante colmillo de un jabalí con espumarajos tan grande como el tuyo, Calidón, o el tuyo, Erimanto,. Y no me quejo, aunque fui enviada prematuramente a las sombras infernales no pude morir con una muerte más noble.” (XI, 69)


Relieve romano. Museo de Colonia

Arriano, nacido a finales del siglo II en Nicomedia de Bitinia cuenta cuáles eran las características buscadas por los galos en sus perros de carrera y nos dice: 

“Los galos cazan sin utilizar lazos, y no solo para procurarse carne, sino también por el placer y la belleza misma de la caza. Poseen una raza de perros no menos hábiles que los carios o cretenses, para seguir una pista por el olfato, si bien su forma carece de gracia y es tosca… Estos perros se llaman “segusi” (o perros guía). No andan muy aprisa y son muy ardorosos en seguir una pista. Cuando encuentran el rastro, aúllan lastimeramente, en vez de ladrar.”


Mosaico, Iglesia de Lot, Jordania

De la fidelidad de los perros hacia sus amos hay constancia en la obra Historia de los Animales de Eliano:

“Un tal Nicias se separó imprudentemente del grupo de cazadores y vino a caerse en un horno de carboneros y los perros que lo acompañaban, al ver lo ocurrido, no se separaron de allí, sino que, al principio, permanecían aullando y ladrando en torno al horno, hasta que al fin, sin más, llamando la atención de los transeúntes tirando con sus dientes suave y delicadamente de los vestidos, intentaban llevarlos al lugar del suceso, como si los perros llamaran a los hombres a que acudieran en auxilio de su amo…” (I, 8)

Arriano describe a su perra de caza y compañía Horme destacando su fidelidad.

“He criado una perra cuyos ojos son los más grises; es rápida, eficiente, valiente y de fuertes patas, y la mejor rival para cuatro liebres en cualquier momento. Es la más cariñosa no solo conmigo sino con mis amigos y compañeros cazadores. Cuando no está corriendo, no se separa de nosotros. Me acompaña a todas partes, incluso cuando voy al gimnasio, y se sienta a mi lado mientras hago mis ejercicios.”

También Arriano aconseja cómo comportarse con los perros una vez terminada la actividad cinegética para recompensarles por el trabajo bien hecho.

“Cuando el  galgo ha atrapado la liebre, o ha vencido en la carrera, deberías desmontar de tu caballo, y acariciar a tu perro y felicitarle, besando su cabeza y rascando sus orejas, y llamándole por su nombre: “Bien hecho, Cirras”, “Bien hecho, Bonnas”, “Bravo, mi Horme”, citando cada perro por su nombre, porque al igual que a los hombres de espíritu generoso, les gusta ser alabados, y si el perro no está demasiado cansado, vendrá alegremente a agasajarte.”


Mosaico romano, Cartago Túnez (Foto Mary Harrasch)

En las casas romanas solía haber un perro guardián atado con una cadena que ayudaba con su aspecto y ladridos a proteger el hogar de ladrones o merodeadores. El visitante de la casa podía encontrar a su llegada un mosaico con un perro y un letrero “Cave Canem” (Cuidado con el perro) para alertar de la presencia de un perro encargado de vigilar la casa.

Sobre el perro guardián y el de compañía tenemos el testimonio del Satiricón, en el que encontramos la perrita Perla del favorito de Trimalción y el enorme perro que se encarga de custodiar la casa: “Se ocupaba de cubrir con una faja verde a una perrita negra y muy gorda. Todo el afán del muchacho era engordar a la perra con media hogaza que le había puesto en el lecho y que ella rechazaba a punto de vomitar… Que traigan a Escilax, el guardian de la casa y de la familia…Y sin demora, atado a una cadena, trajeron un perrazo enorme, que se echó delante de la mesa, obligado a tumbarse por un puntapié del portero. Ninguno de la casa me quiere más que él – dijo Trimalción, echándole un pan blanco.” (Pet. Satyr. 64)

Los perros de compañía (catelli), generalmente pequeños, eran apreciados por damas y algunos otros personajes, que los llevaban encima. Especialmente conocido era el canis melitei, de pequeño tamaño y pelaje suave.

“Descansaba cómodamente en el regazo de mi dueño o de mi dueña y mi cuerpo fatigado dormía en un lecho que me habían preparado amorosamente. Aunque sin el don de la palabra, sabía hacerme comprender mejor que ningún otro de mis semejantes; y, sin embargo, ninguna persona temió mis ladridos. ¡Madre desdichada! La muerte me alcanzó al dar a luz a mis hijos. Y, ahora, un estrecho mármol cubre la tierra donde yo descanso.” (Petronio)


Lápida de la perrita Helena, Museo Getty
Aparecen en lápidas junto a sus difuntos dueños, o bien a algunos se les dedica su propia estela fúnebre, como demostración del cariño que les tenían sus amos.
¿Construyes mi panteón de acuerdo con mis instrucciones? Te ruego encarecidamente que a los pies de mi estatua figures mi perrita…A mi derecha colocarás la estatua de mi Fortunata con una paloma en la mano y llevando a una perrita atada con una correa…”(Petronio, Satyr.)

“A Helena, hija adoptiva, alma incomparable y digna”



Mosaico, Museo Británico

Horacio escribió en sus Épodos contra el orador Casio Severo, que solía arremeter contra personajes de la sociedad romana. El poeta utiliza un símil de perros de caza para criticar a este personaje que acabó siendo desterrado.

¿Por qué al advenedizo inofensivo
Ladras tan fieramente, mastín callado ante rapaces lobos?
¿Por qué, si hacerlo puedes,
Tus amenazas vanas no diriges
Contra mí, que también puedo morderte?
Como el Moloso can o el Laconio rojo,
A su rebaño fieles, enhiestas las orejas, la alimaña
Perseguiré tenaz por la alta nieve…” (Epod. VI)


Perro Leander, Mosaico de Adonis, Villa de Carranque

En el arte romano se pueden hallar ejemplos de la consideración que los perros de caza tenían entre sus dueños. En los mosaicos romanos de la época bajoimperial  aparecen los nombres de los perros representados durante la carrera tras la presa o heridos por las bestias, como en el mosaico de Adonis en Carranque, donde los perros Leander y Titurus son heridos por el jabalí que acaba matando a Adonis. El nombre del primero corresponde al mito griego de Hero y Leander, dos jóvenes enamorados que viven cada uno a  un lado del Helesponto. Como su amor está prohibido, la joven Hero enciende en la torre en la que vive una antorcha para guiar a su amado hasta ella, pero una noche, un fuerte vendaval apaga la luz y,Leander, al no encontrar el camino muere ahogado y ella se suicida al enterarse.

Titurus es uno de los pastores protagonistas de las Bucólicas de Virgilio.


Perro Titurus, Mosaico de Adonis, Villa de Carranque
Bibliografía:

www.bib.uab.cat/veter/achv/columela-gossos-rabada.pdf; Lo que el hispano – romano Lucio J. M. Columela describió sobre perros, en su obra "DE RE RUSTICA". Visto por un veterinario; Jaume Camps i Rabadà
Mastín Napolitano, Carol Paulsen, Google Books
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4013632.pdf; Representaciones e imaginarios perrunos: desde Grecia hasta la Conquista de América; Megumi Andrade Kobayashi
http://e-spacio.uned.es/fez/eserv/bibliuned:Epos-2012-28-6005/Documento.pdf; HOMINES ET CANES: EL VÍNCULO ENTRE EL SER HUMANO Y EL PERRO EN LA OBRA DE MARCIAL Y JUVENAL; Cayetana Paso Rodríguez
www.booksie.com/posting/jmessick/canines-in-greek-and-roman-mythology-147580; Canines in Greek and Roman Mythology; J. Messick

viernes, 1 de agosto de 2014

Aquiles y el ciclo troyano


Mosaico del oecus con Aquiles y Briseida, Carranque

La decoración y el mobiliario de la casa romana representan el prestigio social que el señor de la domus desea transmitir a los miembros de su propia élite.
Las escenas homéricas que describen episodios de la guerra de Troya y de los viajes de Ulises son reproducidos en mosaicos y pinturas durante todo el Imperio Romano, pues elegir un tema del ciclo troyano y un personaje como Aquiles significaba que el dominus deseaba ser visto como modelo de la virtud de la aristocracia que este héroe representaba.

Mosaico que representa la ira de Aquiles contra Agamenón, Pompeya

En Carranque, encontramos en el oecus, salón de representación, un mosaico que muestra la escena en la que Ulises (cuya figura está muy deteriorada) entrega a Aquiles la princesa troyana Briseida, que le había sido arrebatada por Agamenón, jefe de los griegos, motivo por el cual Aquiles se había negado a luchar. 
"¡Oh, heraldos, salud, mensajeros de Zeus y los hombres!
Acercaos porque es de Agamenón toda la culpa, y no vuestra,
que él aquí os ha enviado a buscar a la joven Briseida.
Tú, Patroclo, linaje de Zeus, trae acá a la doncella;
dala y que se la lleven. Y que ellos me sean testigos
ante todos los hombres mortales y dioses dichosos,
y ante un rey tan brutal, cuando más adelante precisen
de mí para librarse de alguna funesta desdicha,
porque él tiene su cruel corazón de furor poseído
y no piensa ni en el porvenir o el pasado, ni cómo 
junto a sus naos podrán los aqueos salvarse luchando.
Así dijo, y su amigo Patroclo, cumpliendo su orden,
de la tienda sacó a la de bellas mejillas, Briseida,
la entregó, y los heraldos por entre las naves aqueas
se marcharon, y contra su gusto detrás fue la joven."
(Homero, Ilíada, I)

Aquiles es un héroe que se vuelve inmortal cuando su madre Tetis lo sumerge en una laguna sujetándolo por el talón, lo que provoca que esta parte de su cuerpo sea su punto débil, y la herida ahí recibida acabará llevándole a la muerte.

Aquiles es enviado a la corte de Skyros por su madre para que no vaya a la guerra, pero mientras está escondido entre las mujeres, es descubierto, cuando atraído por las armas que llevan Ulises y los soldados que vienen a buscarlo, coge una espada, lo que hace que finalmente se presente a luchar. Este tema es tratado en varios mosaicos de villas, como en La Olmeda, Palencia, donde es el motivo principal del oecus.

Mosaico del oecus con Aquiles en Skiros, Villa de la Olmeda, Palencia

El mosaico representa el momento en que Ulises, encargado de buscar  al mirmidón, se prepara para el ataque. Ante esta acción, las hijas del rey Licomedes se arrodillan con temor ante la furia del rey de Ítaca; Aquiles, demostrando que es un verdadero guerrero se prepara para oponerse al agresor descubriendo su verdadera identidad, oculta por su disfraz femenino.

Entrega de las armas a Aquiles, Pompeya, Museo Arqueológico Nápoles

Cuando Aquiles decide incorporarse a la guerra tras la muerte de Patroclo, su madre Tetis encarga a Hefesto, dios de la forja, que fabrique una nueva coraza, casco, grebas  y escudo a su hijo. En el mosaico de Carranque  aparece Aquiles con este escudo, que es ampliamente descrito por Homero en la Ilíada.

"Comenzó fabricando un escudo muy grande y muy fuerte y por todas sus partes labrado, con triple cenefa reluciente y brillante; de plata era la abrazadera. Cinco capas tenía el escudo y el dios grabó en ellas con su sabia maestría muy bellas escenas artísticas." (Homero, Ilíada, XVIII)

Detalle del mosaico de Aquiles con el escudo, Carranque


Cada una de las capas o círculos concéntricos que constituyen el panorama humano descrito por Homero, encarna algún aspecto de la vida en el mundo. En el círculo central o umbo plasmó la perennidad del cosmos: la tierra, el cielo y el mar; en la segunda capa retrató dos ciudades, una en paz (celebración de una boda y un juicio) y en la otra guerra (una ciudad asediada y dos cuerpos armados se enfrentan) En la tercera retrató la vida rural que se contradice con las estaciones del año: hay hombres preparando y arando la tierra, otros cosechando  una vendimia; arrieros guiando al ganado. La cuarta capa se desarrolla una fiesta ciudadana con un coro y danzantes de la mano. En el círculo más alejado del centro, Hefestos puso el Río Océano, rodeando por completo el escudo.

Detalle de cerámica griega con la entrega de armas a Aquiles

La decoración es de tipo emblemático y simbólico. El poeta describe paso a paso el forjado de la pieza en manos de Hefestos, al mismo tiempo que describe las imágenes que el artesano está plasmando en el mismo.
La entrega de las armas al héroe es también un tema ampliamente tratado en el arte grecorromano.

Detalle de cerámica griega con Aquiles y Ajax jugando

Los episodios con los personajes principales de la Ilíada se repiten en el arte griego y romano, en vasos de cerámica, en sarcófagos, en pinturas parietales, en mosaicos. Tanto los motivos guerreros como los amorosos son tratados extensamente. 
Los momentos de la muerte de Patroclo, el amigo de Aquiles, y de la muerte de Héctor, el príncipe troyano, a manos de Aquiles son descritos en los objetos artísticos de la cultura griega y romana. 

Detalle de cerámica griega con Aquiles y el cuerpo de Héctor

En Hispania encontramos el tema de Aquiles y Pentesilea, el  de la devolución de Briseida y el de la ocultación entre las hijas de Licomedes en mosaicos bajoimperiales. En el siguiente mosaico de Complutum, Aquiles hiere a Pentesilea, amazona que lucha a favor de los troyanos, y en el momento de su muerte su belleza cautiva al héroe.

Mosaico de Aquiles y Pentesilea, Complutum, Museo  Arqueológico Regional de Madrid

La representación de temas más sentimentales de la vida de Aquiles en los salones de las casas romanas en el Imperio puede deberse a que además de cumplir la función social de anunciar el prestigio y riqueza del dueño se pasó a considerar algunas de estas salas como espacios íntimos para disfrutar de la vida familiar en un entorno más privado. Aquiles es un héroe que simboliza tanto la virtud y el espíritu guerrero que debería corresponder a los dioses como los sentimientos humanos del amor, el honor y la compasión por los que se deja llevar. Él no volverá a la batalla hasta que le sea devuelta su esclava, es decir, su honor sea restaurado.



Entrega de Briseida a Aquiles, Pompeya, Museo Nacional Nápoles


Bibliografía:


http://www.thamyris.uma.es/Thamyris3/NAVARRETE.pdf; EL MOSAICO ROMANO DE SANTISTEBAN DEL PUERTO (JAÉN): APOLO Y MARSIAS Y AQUILES EN LA ISLA DE ESCIROS. PARALELOS ICONOGRÁFICOS; ANTONIO RAMÓN NAVARRETE ORCERA
www.academia.edu/1113015/Las_armas_de_Aquiles; Las armas de Aquiles; Mª Isabel Rodríguez López


jueves, 22 de mayo de 2014

Bonus agricola, el agricultor romano tradicional



Los escritores latinos escribieron sobre las bondades del campo y del trabajo del agricultor.

“Para el hombre es muy saludable la labor del campo, no solo como un deber sino también por el pacer. Y por la propia sociedad, por la abundancia de todos los frutos que afecta a la manera de vivir de los hombres, Incluso por el culto a los dioses, pues algunos prefieren este tipo de vida para que, con verdadero placer, podamos volver al estado de bienestar… Los agricultores denominan al huerto su segunda despensa.” ( Cic.  De Senectute, 56)
Mieses, detalle del Mosaico de Neptuno, Museo del Bardo

El labriego que obtenía la mejor cosecha era llamado bonus agrícola, lo que constituía el más bello elogio. Seneca al referirse al bonus agrícola lo describe con inimaginable tenacidad, venciendo la esterilidad del suelo, a fuerza de cuidado y de cultivo, aunque en principio las perspectivas fueran de fracaso.

“El agricultor pierde el grano que él ha derramado si él deja allí sus trabajos antes de las semillas; es a fuerza de cuidados que las semillas llegan a producir cosecha; nada fructifica sin el beneficio de una labranza continuada regularmente después del primer momento hasta el último.”

 Juvenal rememora la honestidad de los antiguos marsos, hérnicos y vestinos, quienes predicaban a sus jóvenes un modelo de conducta: “Ganemos con el arado el pan que baste a nuestras mesas.” (Juvenal, 14)

Herramientas agrícolas prerromanas

 Virgilio define como  buen campesino a aquel que cultiva su campo con cuidado experto y que mantiene sus útiles de trabajo en perfecto estado. 

“Si no combates continuamente la hierba con los rastrillos y espantas los pájaros con ruidos, ni rebajas con la hoz la sombra que oscurece el campo, y si no atraes la lluvia con tus rezos, ay, decepcionado contemplarás el gran montón de otro, y aliviarás tu hambre sacudiendo la encina en los bosques.”

La vida de una granja antes del año 200 a. C. es bastante tradicional. Las primeras granjas eran muy pequeñas, de unas dos iugera. No es fácil que se pudiera mantener una familia con ella, a no ser que gozaran de derechos sobre la tierra comunitaria. Las casas se agrupaban en aldeas, y los hombres salían a trabajar cada día. Con el trabajo a mano y herramientas sencillas los romanos explotaban las haciendas de forma intensiva y a veces cultivaban verduras. Estas eran importantes en su dieta. Las más comunes se producían para consumo interno, con hierbas según las estaciones, y para remedios caseros, y flores para guirnaldas y para engalanar el hogar en honor de los dioses tutelares los días de fiesta. Cerca de los pueblos los cultivos de huerta daban beneficios en el mercado.

“Muchas veces el arriero carga con aceite o frutas baratas las costillas del lento pollino, y al volver acarrea de la ciudad una piedra molar o una masa de pez negra.” (Virg. Georg. I)

Detalle del mosaico de la Iglesia de Lot y Próculo, Mount Nebo, Jordania

Probablemente el campesino trabajaba mucho los siete días de la semana e iba al mercado en los días establecidos (nundinae) para vender sus productos, ver a los amigos y escuchar las noticias. Su esposa cuidaba de la casa y la familia, supervisando el trabajo de los esclavos. Los festivales rurales añadían color a la vida del campesino, ya que la antigua religión nació y se conservó durante más tiempo en el campo. En los meses de abril y mayo se celebraban diversas fiestas en honor de los múltiples dioses agrícolas que tenían, como la de la lustración del campo o Ambarvalia, para pedir la purificación de los sembrados.

Diosa Ceres
“En primer lugar, venera a los dioses y celebra la ceremonia anual de la gran Ceres, sacrificando en medio de las plantas lozanas, hacia la terminación del invierno, cuando ya es primavera serena. Entonces los corderos están gordos y los vinos muy suaves; entonces los sueños son dulces y las sombras de los montes tupidas. Toda la juventud del campo junta debe adorar a Ceres contigo; diluye tú en su honor panales de miel con leche y vino dulce. Marche tres veces por las cosechas nuevas la víctima propiciatoria, acompañada del coro entero de tus compañeros en fiesta, que a gritos llamarán a Ceres al interior de las casas. Y que nadie meta la hoz a las espigas maduras hasta que con las sienes ceñidas con una vareta retorcida de encina ejecute unos pasos improvisados en honor de Ceres, y le cante canciones.” (Virg. Georg. I)

Si el campesino no llevaba los productos sobrantes al mercado, podía conservar gran parte de los mismos para el resto del año, las mujeres hacían arropes, membrillo y conservas de frutas. El huerto le proporcionaba igualmente la ocasión de tener que desprenderse de muchos productos pasados o estropeados, que podían ir destinados a los cerdos.
Una pequeña familia de campesinos podía costear  sin dificultad la nutrición de uno o dos cerdos al año con los productos sobrantes de su huerto, con hierbas recogidas y con un pequeño suplemento de cereales. Con costes aún más bajos podía tener unas pocas cabras que  proporcionaban un considerable aporte alimenticio además de otros ingresos (pelo, venta de cabritos), pues los romanos consumían mucho queso y leche fresca.
Otros ingresos de una familia  campesina podían proceder del sector recolector, como  leña para el fuego, frutos silvestres, caza, pesca y apicultura.

“También perseguirás muchas veces a la carrera a los onagros asustadizos; con los perros cazarás la liebre, con los perros los gamos; muchas veces levantarás de sus abrevaderos silvestres a los jabalíes y los correrás en medio de ladridos, y a través de montes altos empujarás a gritos hasta las redes un ciervo gigantesco.” (Virg. Georg. III)

La salida airosa de los apuros económicos de una familia campesina dependía de que un miembro de la familia fuera un experto viticultor o un gran cazador, que un propietario tuviera cerca de su residencia tierras en arriendo (para así poder trabajarlas como colonos), que fuera un experto colombófilo o conociera bien las técnicas para formar y sostener enjambres de abejas, etc.

“En cuanto a las colmenas, tanto si están hechas pegando corchos ahuecados o entretejiendo varetas de mimbre flexible, deben tener entradas angostas, pues el invierno encoge la miel con su frío y el calor a su vez la pone líquida.” (Virg. Geor. IV)

Detalle del Mosaico de Neptuno, Museo del Bardo, Túnez

Entre las tareas que un agricultor podía desempañar mientras llovía y no se podía trabajar la tierra, Virgilio cita:

“El labrador pone en el yunque el diente duro de la reja embotada, fabrica tinajas con el tronco de los árboles, o forja marcas para el ganado o etiquetas para los montones de cereales. Otros aguzan estacas y bieldos de dos dientes y preparan lazos de Ameria para la vid flexible. Ahora tejen sin esfuerzo un canasto con varas de brezo. Tuestan el trigo al fuego o lo machacan con piedras.” 
También describe las tareas  que una pareja de campesinos pueden  hacer al caer la noche, cuando no hay luz para estar fuera de la casa:

“Alguno también vela hasta tarde en invierno a la luz del fuego y talla antorchas a punta de cuchillo. Mientras tanto la esposa, aliviando el largo trabajo con el canto, recorre la tela con el peine fino, o cuece en el fuego el licor del dulce mosto y despuma con hojas las oleadas de la caldera temblorosa.” (Virg. Georg. I)

Un colono de un gran propietario podía tener garantizados los mínimos vitales incluso en los años de malas cosechas, mientras el pequeño campesino carecía de coberturas, lo que facilitó el paso de muchos campesinos a colonos. Tal paso podía darse tras una venta total de sus tierras o bien conservando unas parcelas de tierra propia y aceptando las demás en arriendo de un gran propietario.

Bibliografía:

ceipac.ub.edu/biblio/Data/A/0546.pdf; LA VILLA COMO SISTEMA ECONÓMICO; José Remesal Rodríguez
"EL CAMPESINO Y LA TECNOLOGÍA: UNA RELACIÓN COTIDIANA"; Diego Melgar Garibaldi
revistas.usal.es/index.php/0213-2052/article/download/6028/6050; EL RITUAL DE LOS CERIALIA Y LA FUNDACIÓN DE LAVINIO; Pedro LÓPEZ BARJA DE QUIROGA
Geórgicas, Virgilio, Ed. Espasa-Calpe


miércoles, 7 de mayo de 2014

Miel, apicultura en la villa romana

Cupido, el ladrón de miel, Alberto Durero

La actividad apícola, es decir, la producción controlada y orientada a la extracción de la miel como una actividad más del calendario agrícola, se viene interpretando como una actividad complementaria, con cuyo desarrollo se consiguen rentabilizar mayoritariamente las zonas de escasa productividad  agrícola.
“Sobre el rendimiento económico… tengo como autoridad… a nuestro amigo Varrón, a quien le oí decir que él había tenido en Hispania a dos soldados, los hermanos Veyanio, ricos propietarios de la región de los faliscos; estos, al dejarle su padre una casita de campo y una parcela ciertamente no mayor de una yugada, había hecho colmenas alrededor de toda la casa, y, en el huerto, que tenían, habían plantado lo restante con tomillo, codeso y toronjil…
Estaban acostumbrados, pues así hacían para equilibrar las ganancias, a no recibir menos de diez mil sestercios de la miel, pues decían que preferían esperar un comprador hasta el tiempo conveniente antes que con prisa en otro momento.” (Varrón, 3, 16, 10-11)
En Hispania, los celtíberos ya exportaban  miel y cera.


La miel en época romana era el alimento edulcorante y energético por excelencia, y  sus propiedades antisépticas la hacían de igual modo idónea para utilizarla en la conservación de frutos. Se empleaba además  en la elaboración de salsas para acompañar las carnes y en repostería; en el mundo de la medicina y en  la cosmética.  
La miel era un producto que se ofrecía en las libaciones a los dioses y en las ofrendas a los difuntos. Ovidio escribió en los Fastos que el dios Baco había descubierto la miel por lo que se le ofrecían tortas hechas con ella el día de su fiesta:
“Se hacen tortas para el dios porque también él se alegra con los juegos dulces y se dice que Baco descubrió la miel.”

Mujer con tabula cerata y stilus, Museo Arqueologico Nacional, Nápoles

La cera servía para el alumbrado de calidad y para encerar maderas o papiros.  La tablas de cera se empleaban para escribir con un stilus y se utilizaban para escribir notas y tareas escolares. También se empleaba en ungüentos como el ceratum de Galeno, realizado con aceite, cera y agua de rosas.

“El fruto de la cera, aunque de poco valor, no ha de pasarse en silencio, siendo su uso necesario para muchas cosas. Los restos de los panales, así que se han exprimido y se han lavado bien en agua dulce, se ponen en una caldera de cobre y echándoles agua por encima se derriten al fuego. Luego, se derrama la cera sobre paja o juncos y se cuela, se cuece de nuevo y se echa en moldes, mojados en agua previamente, una vez cuajada se saca porque el agua impide que se pegue."

Las abejas también proporcionaban el propóleo, que resultaba de las resinas de las plantas enriquecidas con la digestión láctica del polen y de las secreciones de las abejas. Servía para proteger a la colmena del exterior y se utilizaba para aliviar inflamaciones y dolores y aplicar en heridas abierta. Los legionarios llevaban unas bolsitas de propóleo en sus campañas para su uso personal.
Mel vernum era la miel de primavera que se obtenía de panales elaborados con sustancias procedentes de las flores y se recolectaba en Mayo.
Plinio consideraba la miel de verano, mel aestivum, brillante como el oro, la mejor siempre que no estuviera adulterada. La miel silvestre, recolectada en los bosques y procedente del esparto, la  retama, el madroño, el brezo, el castaño y las hortalizas, se recogía tras las primeras lluvias de otoño. Columela la creía de peor calidad y era poco aceptada y su empleo prácticamente industrial.
La miel villaticumobtenida en las granjas se libaba sobre las flores de legumbres y plantas de abono.

“El néctar del tomillo da miel de sabor superior. De segunda categoría, el tomillo real, el serpol y el orégano. Y de tercera categoría, el romero y la ajedrea. Las demás como el madroño y las legumbres, dan a la miel un sabor áspero.”


Apicultor carpetano, Ilustración Arturo Asensio

Primero se obtenía la miel mel optimus, dejándose escurrir los panales; segundo, se prensaban los panales para extraer la miel que restase en su interior, mel secundus, de inferior calidad.
Una vez prensados los panales se podía aún realizar un lavado de los mismos con agua templada, del  cual se conseguía un líquido dulce utilizado en la preparación del hidromiel y vinos melados.

Colmena de corcho, Portugal

Los mejores materiales para las colmenas, según Columela, eran:
… de corcho, porque no estarían muy frías en el invierno ni muy calientes en el verano (…) si no hubiere (…) se harán con mimbres entretejidos; y si estos no se encuentran se fabrican con troncos de árboles excavados. (…) Las peores de todas son las de barro cocido, ya que se encienden con los calores del estío y se hielan con los fríos del invierno. Las demás especies que hay de colmenas son dos, unas que hacen con boñiga y otras se construyen con ladrillos.

En lo que se refiere a la ubicación de los colmenares parece ser que el lugar idóneo debía ser cercano a las zonas de vivienda, resguardado del frío y del calor, debiendo existir agua en las zonas  próximas, así como plantas aromáticas y árboles frutales.

“En primer lugar, la mejor situación (para las colmenas) es al lado de la casa de campo, donde no resuenen los ecos, donde el aire sea templado, no ardiente en verano y soleado en invierno, que mire principalmente a la salida del sol en invierno y que tenga cerca esos lugares donde el alimento es abundante y el agua limpia. (Varrón, 3, 16)

“Pidiéndome epigramas vivos, me propones temas muertos. ¿Qué se puede hacer, Ceciliano? ¿Quieres que te produzcan miel del Hibla o del Himeto y le pones tomillo de Córcega a una abeja cecropia?(Marcial Epi. XI, 42)
Planta del tomillo

La miel más reconocida era la del Ática, producida por los panales del monte Himeto y la seguía la del monte Hibla en Sicilia. Ambas por la excelencia del tomillo. Otras mieles procedían de África, Italia e Hispania.

Pero así como el codeso es lo mejor para la salud de las abejas, el tomillo lo es para hacer la miel. Por esta causa la miel de Sicilia se lleva la palma, porque allí el buen tomillo es abundante. Por eso algunos machacan el tomillo en un mortero, lo deslíen en agua tibia y con él rocían todos los planteles sembrados para las abejas.”

La miel de algunos lugares puede ser tóxica por las flores y plantas de las que liban las abejas.  Plinio citaba la flor del rododendro, azalea y adelfa.

“En el país del Sanni, en la misma parte del Ponto hay otra clase de miel, que por la locura que  produce, ha recibido el nombre de maenomenon. Este efecto maligno es generalmente atribuido a las flores del rododendro, las cuales abundan en estos bosques, y esta gente aunque rendía homenaje a los romanos con la cera, no sacaba ningún provecho en absoluto de su miel, por las consecuencias de sus peligrosas propiedades.”(Plinio, H.N. XXI, 45)

domingo, 6 de abril de 2014

Animales de la villa romana

Museo de los mosaicos, Estambul
La ganadería fue una de las principales fuentes de riqueza de la Hispania antigua y la base de la alimentación de casi todos los pueblos hispanos.
En la época romana de la cría de ganado como complemento al cultivo de cereal y hortalizas, propio de las pequeñas haciendas, se pasó a la cría de rebaños con criterio económicos.
La necesidad de transhumancia del ganado creó no solo una red de caminos para tal fin, sino un conjunto de normativas jurídicas, destinado a proteger la libre circulación de rebaños, pues el desarrollo de la ganadería creaba serios problemas a algunos agricultores que tenían situadas sus tierras en zonas de movimiento de ganado.
Desde finales de la república, se conocían bien las técnicas para cruzar el ganado y las usaban, no solo para seleccionar mejores razas, sino incluso para conseguir, por ejemplo, ovejas que produjeran lana de un tipo o color determinado.

Detalle sarcófago, Museos Capitolinos, Roma


Los romanos fomentaron la cría del ganado ovino, ya que necesitaban la lana para vestir a sus ejércitos y fabricar las togas para los ciudadanos nobles. Esquilaban su lana con tijeras de hierro y después se hilaba, tejía y teñía con gran variedad de pigmentos. En Hispania se hacía el sagum, capa tejida con lana de oveja negra. En la Bética destacaba la lana de tono rojizo que algunos autores alabaron.
El ganado porcino se criaba en Italia desde muy antiguo para satisfacer una creciente población y alimentar al ejército. En Hispania, la abundancia y calidad de los cerdos, se unía a un clima propicio, lo que favoreció el desarrollo de una cultura artesanal de salazones de carne. En Roma sentían predilección por los jamones del norte de la Península. Columela trató la importancia de alimentar los animales con diversas variedades de bellota, para conseguir las distintas calidades del jamón.  
" Que me sirvan jamón de los Cerretanos o incluso de los menapianos, los más refinados que se harten de paletilla" (Marcial, Epi. XIII, 54)

Detalle mosaico, Museo del Bardo, Túnez
El ganado vacuno se criaba para carne y para tirar del arado o los carros. Los bueyes se preferían porque se los  podía uncir con un yugo, en cambio el caballo necesitaba una collera rígida sobre los hombros que era desconocida en la época. Además su valor como animal de trabajo era escaso, por su menor fuerza de arrastre, sus cascos delicados y su alimentación cara. El asno y  la mula se empleaban como animales de tiro en el campo, pero no tanto para arar,  y en los molinos de trigo y prensas de aceite. 

"Haya establos para el ganado que el calor o el frío no hagan inhabitables, y sean dos - una de invierno y otra de verano - las boyeras para los bueyes amansados...(Columela, L.I)

Los caballos cumplían su función en el transporte y en el Bajo Imperio fueron famosos los hispanos para las carreras en el circo. En los primeros tiempos de Roma el aumento de las campañas militares incrementó la demanda de caballos y mulos para el ejército.

Con la leche de cabra se hacían quesos, cuajadas y otros productos lácteos muy consumidos en el entorno rural.

La gallina era el ave doméstica más extendida pero se criaban palomas, tórtolas, zorzales, gansos, patos… Los beneficios de la venta de sus productos (huevos, estiércol para abonos, plumas para relleno de colchones, carne) podían ser muy elevados. Los pasteles cocinados con carne de ave eran muy apreciados entre los romanos.
"Engorda sumisa la gallina con harina sabrosa, se ceba a oscuras: es ingeniosa la gula". (Marcial Epi. XIII, 62)

Pintura mural, Museo Arqueológico de Tarragona

En algunas villas se conservaban pajareras donde las aves volaban sueltas y los pavos reales  exhibían sus plumas para recreo de la familia propietaria. Los viveros de peces en estanques (piscinae) eran un divertimento y un símbolo de riqueza del que se sacaba rendimiento económico.

Pintura de Pompeya