Mosaico de las Metamorfosis

Mosaico de las Metamorfosis

jueves, 19 de septiembre de 2013

La cerámica de terra sigillata, lujo y artesanía en el hogar romano

Fragmento de terra sigillata, Museo de Jaén


La cerámica romana se caracterizaba principalmente por su utilidad y se utilizaban vasijas de arcilla sin barnizar para ánforas y dolia, y barnizadas para vajillas de mesa.

Plato de cerámica roja, Museo de Palencia
Durante los primeros tiempos, la vajilla romana de mesa se distingue por la sencillez propia de un pueblo campesino, pero las influencias helenísticas y orientales transforman las costumbres culinarias y los hábitos de mesa romanos, incrementándose el número de piezas de la vajilla, las formas y los materiales.

Las vajillas de cerámica, al fabricarse en todo el Imperio y ser accesibles a todas las clases sociales, no faltaron en ninguna mesa romana. En los hogares más humildes se utilizaban producciones simples, pero en los más prósperos eran habituales las cerámicas finas.

Plato de cerámica negra, 
Museo Arqueológico, Barcelona
Coincidiendo con la creciente romanización del Mediterráneo aparece la cerámica campaniense o de barniz negro, derivada de la típica cerámica negra de los griegos.
En época de Augusto surge la terra sigillata, identificada como la vajilla de lujo romana de época altoimperial (s. I al III d.C.) así conocida por los sellos que se imprimían en ella con el nombre del fabricante y caracterizada por su brillante color rojo coral, con refinados diseños y decoración lisa o en relieve. Para su producción se realizaba un molde en arcilla refractaria, muy porosa, sin barnizar, de modo que absorbiese el agua de la pieza que se iba a realizar. Al interior del molde se le daba la forma elegida y con ayuda de un punzón, casi siempre por impresión, se practicaba la decoración deseada. En el interior del molde se presionaba la arcilla fresca contra las paredes. La nueva pieza, aún fresca, se sellaba con una matriz, aunque en algunos casos el sello ya estaba pergeñado en el propio molde. La pieza se completaba con bordes y pies hechos con plantillas, lo que contribuía a la celeridad del proceso y a la homogeneidad de las producciones. Una vez fabricada la pieza se dejaba desecar al aire libre durante una semana. Para proporcionar el típico color rojizo, se recurría a un barro colorante muy rico en hierro, luego se introducía en el horno con cochura oxidante, rica en oxígeno.

Fragmento de sigillata con sello de Tigranes, Museo de Jaén

A partir del año 50 d.C. se generaliza la producción de sigillata hispánica, con importantes talleres en la Bética (Andújar) y en el valle del Ebro (Tricio, en la Rioja). Se exporta a todas las provincias, ya que las vías de comunicación facilitan su comercialización.

Platos de sigillata clara, Museo de Jaén

Posteriormente empezaría la fabricación de la última familia de  cerámicas de lujo imperiales, la sigillata clara, cuyo uso se extenderá hasta el siglo VI d.C. A finales del siglo I d.C. La sigillata africana, con gran variedad de formas, tipos y técnicas productivas llegará a dominar todos los mercados hasta el final de la antigüedad clásica.

En los alfares locales se realizaba, sobre todo,  la cerámica común utilizada en la cocina y la despensa. La mayoría de los talleres (officinas) eran de pequeña extensión y como responsable de la producción estaba el officinator, que podía ser el maestro-alfarero o el propio dueño de una villa.

Ánforas de diferentes tipos, Museo Arqueológico de Tarragona

miércoles, 11 de septiembre de 2013

El Mito de Adonis

Mosaico de Adonis, Triclinium, Villa de Carranque

El tema central del mosaico del triclinium de la Villa de Carranque es el mito de Adonis. Este héroe, representado como un joven desnudo empuñando una lanza, se enfrenta a un jabalí. Los dioses Marte y Venus presencian la lucha mortal en la parte superior del mosaico.

Marte y Venus, mosaico  Villa de Carranque


Titurus, perro de caza, mosaico Villa de Carranque

Complementando la escena aparecen dos perros de caza persiguiendo un jabalí. Probablemente fueran propiedad del dueño de la villa, que los hizo representar con sus nombres. Una liebre, una perdiz y plantas representativas del entorno completan la interrelación entre el gusto artístico del propietario por la mitología clásica y la rutina de la vida rústica en una villa.


Según cuenta la mitología, Afrodita  (Venus) se había vengado de Esmirna, convirtiéndola en el árbol de la mirra, de la cual nace Adonis. Afrodita, lo recoge y se lo confía a Perséfone (Proserpina). Cuando Afrodita quiere recuperarlo, Perséfone se niega a entregarlo. Zeus decide que viva un tercio del año con cada una, y el otro Adonis decide pasarlo con Afrodita.

Detalle de mosaico con Adonis, 
Villa Romana de Carranque
Adonis es un bello joven que no conoce el miedo y por ello ignora las advertencias de Afrodita para que no se exponga a los peligros de perseguir bestias salvajes y sale a cazar. Perséfone, enojada porque Afrodita disfrute de Adonis el doble de tiempo que ella, se queja a Ares, el amante de Afrodita. Este, celoso, se transforma en jabalí e hiere mortalmente a Adonis. En el lugar donde caen las gotas crecen anémonas rojas.

Al morir, Adonis debería haber permanecido en el inframundo, con Perséfone, pero Zeus concede a Afrodita que regrese con ella durante cuatro meses en verano.
En la mitología griega Adonis, eternamente joven, simbolizaba la muerte y la renovación anual de la vegetación y su celebración estaba vinculada al calendario agrícola.







El mito de Adonis no solo se transmite en el mundo clásico sino que pervive a lo largo de los siglos, donde encontramos ejemplos en la escultura, pintura, literatura y música.


Adonis agonizante, sarcófago etrusco, Museos Vaticanos

Lope de Vega trató el tema en sus poesías y tragedias.

"Bellísimo mancebo,
Envidia de los hombres, y por dicha
Del mismo hermoso Febo,
Bien te pronosticaba esta desdicha.
Mas, ¿qué voz o qué espejo
A la primera edad  dará consejo?
Mas pues que los amores
Pocas veces nos rinden mejor fruto
De sus hermosas flores.
Memoria de tu muerte y de mi luto
Quedará desta forma.
Tu cuerpo en flores mi dolor transforma".

Venus y Adonis, Tiziano

sábado, 7 de septiembre de 2013

Trigo y pan, alimentos básicos en la villa romana

Retrato del verano, Mosaico de Baco, Complutum, 
Museo Regional de Madrid, Alcalá de Henares

Hispania era una de las provincias que más cereal producía en el Imperio, únicamente superada por Egipto y el Norte de Africa. El cereal era la dieta básica del ejército romano.
La agricultura de secano se basó fundamentalmente en cereales como el trigo, y, en menos proporción, cebada, avena e incluso mijo.
Los tratados de agricultura aconsejaban sobre cómo preparar la tierra según el tipo de suelo, las especies de granos, las tareas que debían hacerse tras la siembra, los métodos para segar y trillar, cómo almacenar y conservar el grano y las horas de trabajo necesarias para la faena.
El producto de la cosecha se destinaba al consumo, a la venta, al pago de impuestos y a la reserva para periodos de escasez.
Para mejorar el rendimiento de la tierra se cavaban zanjas de drenaje en terrenos pantanosos y se fumigaba para luchar contra las plagas.


 "¿Qué voy a decir de aquel que cuando ha echado la semilla sigue pegado a la tierra y allana los montones de arena demasiado gruesa, y luego  mete el agua por las acequias que la llevan a los sembrados, y cuando el campo abrasado se retuerce con el trigo moribundo, he ahí que desvía desde la altura el agua de un canal en pendiente? (Virgilio, Geórgicas, L. I)

Para cavar se utilizaban las azadas y azadones, para arar la tierra se utilizaba el arado tirado por bueyes y  la siega se realizaba con hoces. El contacto con los bárbaros provocó la incorporación de nuevos aperos como rastrillos, horcas de metal y guadañas de mango corto.

"Hay que hablar también de las armas de que disponen los duros campesinos, sin las cuales no puede sembrarse ni alzarse las cosechas. En primer lugar, la reja y la pesada robustez del arado corvo; las carretas de lento rodar de la madre eleusina, los trillos, traíllas y rastrillos de peso descompasado." (Virgilio, Geórgicas, L I)

Dolia para cereales, Museo Arqueológico de Tarragona
Las espigas podían ser directamente almacenadas, o bien se separaba el grano de la paja en eras a cielo abierto, o cerradas, en zonas más húmedas, donde se aventaba y trillaba con una  plancha de madera con lascas de piedra o metal, el trillo, tirado por animales o se hacía pisotear por caballos o bueyes.  El grano se guardaba en recipientes cerámicos, en silos excavados bajo tierra y en graneros. La paja alimentaba al ganado.

La molienda del cereal se efectuaba en molinos rotatorios, pequeños y domésticos, accionados por una persona, o molinos de gran tamaño, movidos por asnos y mulos y donde se molturaban grandes cantidades de grano.


Molino para el grano, Museo Arqueológico de Barcelona

Para asegurar que los campos rendirían la cosecha deseada se celebraban varias fiestas buscando la protección de los dioses. En Mayo tenía lugar la fiesta de la lustración del campo o Ambarvalia, en honor de Ceres, para proteger las siembras.


"Toda la juventud del campo junta debe adorar a Ceres contigo; diluye tú en su honor panales de miel con leche y vino dulce. Marche tres veces por las cosechas nuevas la víctima propiciatoria, acompañada del coro entero de tus compañeros en fiesta, que a gritos llamarán a Ceres al interior de las casas. Y que nadie meta la hoz a las espigas maduras hasta que con las sienes ceñidas con una vareta retorcida de encina ejecute unos pasos improvisados en honor de Ceres, y le cante canciones".(Virgilio, Geórgicas, L I)


El pan era un alimento básico entre los antiguos romanos,  que usaron mucho tiempo la hogaza sin levadura acompañada de queso, aceitunas o huevos.

Detalle de pintura pompeyana con pan
La puls era una especie de gachas hecha de  harina, sal, leche, miel, legumbres y, si la había, carne en tropezones o salchicha. Se cocía con agua y se removía hasta que estaba lista la mezcla. Era un plato típico de los primeros tiempos de Roma, y si se hacían con cebada, polenta, se trataba de alimentos para pobres y esclavos.

El primer trigo, la espelta,  se chamuscaba previamente a su uso, para descascarillarlo mejor e impedir, de paso, su fermentación.
El pan solía comerse untado o disuelto en vino, agua, sopa o salsa, porque casi siempre estaba duro debido a la baja calidad de la levadura, que se elaboraba con mosto de uva durante la vendimia.
Durante la República, comer pan blanco  de harina candeal se consideraba un lujo solo disponible para los ricos. Los campesinos usaron panes con harinas de castañas o bellotas a los que se añadían habas, lentejas o pasas.

Pan quemado por la lava del Vesubio, Pompeya
El pan se cocinaba en un horno (panis furnaceus) o se cocía bajo ceniza (focacius), o bien se untaba la masa en las paredes externas de un vaso de barro o metal previamente puesto al rojo (panis clibanicus). La forma redonda con 4 ó 8 incisiones para facilitar su cocción y división era la más frecuente.
El pan se utilizaba en ritos religiosos y ofrendas, como el panis farreus, hecho con tosca harina de espelta para ser compartido por la novia y el novio en su noche de bodas. En los banquetes pasaban los esclavos repartiendo panecillos entre los comensales.

“Fíjate con qué rezongos te alarga otro un pan mal troceado, mendrugos ya mohosos de harina apelmazada que hacen tambalearse a tus dientes sin que logren morder. En cambio el tierno y blanco y amasado con suave flor de harina se reserva para el dueño.”





viernes, 6 de septiembre de 2013

Familia rústica, trabajadores de la villa

Mosaico de la Iglesia de Priest John, Nebo, Jordania



Los trabajadores del fundus que estaban al servicio de un propietario formaban la familia rustica y estaban a cargo de un capataz que transmitía las órdenes del dueño y dirigía las tareas del campo.
El vilicus de una villa era el encargado de dirigir las tareas agrícolas en el fundus en ausencia del propietario. Debía ser un hombre robusto y no muy joven que hubiese trabajado en las labores del campo y que supiese de ellas.

“Que supervise todos los trabajos para que conozca cómo se hacen; que él mismo los realice a veces sin llegar a cansarse. Comportándose así, conocerá las potencialidades de los esclavos de la villa y ellos a su vez trabajarán con más entusiasmo; si hace esto, tendrá menos ganas de andar paseando, se encontrará más fuerte y dormirá mejor.” (Catón, Sobre Agricultura, V)

El vilicus debía observar una buena conducta, guardar los días festivos, respetar lo ajeno, cuidar lo propio, ser entendido en las faenas agrícolas, y no fatigarse rápidamente. Debía  procurar el bienestar de los esclavos, y en caso de conflicto entre ellos juzgar y sentenciar sus disputas. También vigilaba que se cumpliese con el poder público, así como las órdenes del dueño, y por ello tenía que inspeccionar personalmente cada actividad. Presentaba las cuentas al propietario, sin gastar demasiado. Se comportaría como un buen vecino, pero no se relacionaría con demasiada gente. No podía consultar a augures o adivinos.
Debía comer a la vista de los esclavos y lo mismo que ellos para asegurarse de que los alimentos estuvieran en buenas condiciones.


Mujer con cántaro, Museo de los Mosaicos, 
Estambul

La vilica, compañera del vilicus, tenía que ser una mujer responsable y sumisa ante él.  Debía  encargarse de mantener la villa limpia, preparar la comida al vilicusy al resto de esclavos, procurar que no faltasen los alimentos, preparar las conservas, y hacer una buena harina. Distribuía las ropas entre los esclavos  y participaba en el hilado y tejido. En las festividades debía  depositar en el fuego del hogar una corona y hacer ofrendas  al lar familiar. Asimismo participaría en tareas del campo,  como la vendimia, por lo que debería estar dotada de fuerza física.

“Mientras tanto la esposa, aliviando el largo trabajo con el canto, recorre la tela con el peine fino, o cuece en el fuego el licor del dulce mosto y despuma con hojas las oleadas de la caldera temblorosa.” (Virgilio, Geórgicas, L.I)

En el caso de grandes propiedades las labores estarían repartidas entre más esclavos y esclavas, y la vilica se dedicaría generalmente a la supervisión.

Los esclavos en las grandes posesiones del campo estaban bajo el control del vilicus, que distribuía las tareas en función de la fuerza física de cada uno. Los más fuertes a los campos, los más débiles a los viñedos.

“Las viñas requieren hombres anchos y membrudos, más que altos, pues esa constitución resulta más apropiada para la cava, la poda y demás labores de la viticultura.” (Columela, De La Agricultura, L. I)


Mosaico de Lot y Procopius, Nebo, Jordania

Trabajaban largas horas y su trabajo era muy duro. Sufrían castigos y, a veces, eran encadenados. Estaban bajo el dominio del propietario, no podían tener propiedades, ni casarse, aunque se les permitía tener relaciones en contubernium, relaciones sin legalizar. Podían ahorrar su peculium, con el que podían terminar comprando su libertad. Se les proporcionaba ropa y alimentos y algunos autores recomendaban ser pacientes y generosos con sus esclavos para que rindieran más.

Veo también que ellos acometen entonces con mayor gusto el trabajo sobre el que se les ha consultado  y se ha emprendido por su propio consejo.”(Columela, De la Agricultura, L I)


Mosaico de Lot y Procopius, Nebo, Jordania
Durante el  Imperio, la creciente falta de mano de obra esclava y la mejora de sus condiciones de vida provocaron que el trabajo en  las tierras de los grandes propietarios absentistas pasara  a ser desempeñado por colonos, personas libres que trabajaban la tierra de otro a quien pagaban la cantidad convenida en un contrato;  estaban vinculados al fundo y no podían abandonar la hacienda. Para que el colono tuviera tiempo de amortizar las inversiones para mejorar la finca, el dueño, ya a finales del Imperio se comprometía a prorrogar el contrato y arrendar la tierra a perpetuidad.
“Ni tampoco debe el dueño hacer valer con insistencia su derecho en cada una de las obligaciones del colono, tales como el cumplimiento de las fechas de pago o la exigencia de leña y demás pequeños servicios cuyo cuidado ocasiona a los labriegos mayor molestia que gasto.” (Columela, De la Agricultura,  I)

Para seguir manteniendo esclavos se recurría a criar niños abandonados, estimular a las esclavas para tener hijos, aceptar personas libres que por una condena se convertían en esclavos o  conceder la libertad al esclavo aún joven para emplearlo como liberto.


Pintura, Museo Nazionale Romano



lunes, 2 de septiembre de 2013

Conociendo nuestros antepasados prerromanos, los carpetanos


Los que habitan en los escarpes contiguos al río Tajo


Fotos tomadas en la exposición Los Ultimos Carpetanos, Museo Arqueológico Regional de Madrid, Alcalá de Henares. Ilustraciones Arturo Asensio

El área carpetana se extendía por un territorio que comprendía una parte importante de la actual Meseta Sur. Plinio cita que los carpetanos se asentaban junto al río Tajo. 
Era una zona con gran influencia céltica, pero por su ubicación, especial para la comunicación entre diferentes zonas peninsulares, se produce durante la segunda Edad del Hierro un proceso de implantación progresiva de la cultura íbera.
Los poblamientos del área carpetana se establecían principalmente en lugares elevados y fácilmente defendibles que dominaban valles y territorios de importancia estratégica. Muchas de las ciudades carpetanas se hallaban asentadas en riscos y escarpaduras con cuevas naturales o artificiales.
“Pero más que ninguna de sus acciones en la guerra fue admirada la que mantuvo frente a los llamados caracitanos. Son un pueblo que habita al otro lado del río Tajo, pero no en ciudades ni aldeas, sino en una colina de gran tamaño y elevada que contiene cavernas y concavidades en las rocas, que miran al norte.”(Plutarco, Sertorio, 17)

 Sin embargo, la inestabilidad provocada por los romanos y cartagineses, desde finales del siglo III a.C. hace que la población se vea en la necesidad de agruparse y buscar refugio en grandes castros defensivos.

Carpetania fue una región de paso de las grandes vías romanas que atravesaban la Meseta para comunicar todos los puntos de la Península Ibérica. Como los carpetanos son un grupo de gentes con lazos culturales comunes, pero sin cohesión política, sus ciudades, ante la imposibilidad de hacer frente al invasor romano, se convirtieron muy pronto en sus aliadas, o bien adoptaron una postura neutral que permitiera el paso libre y el asentamiento romano en la región.
Con el dominio romano llegó un influjo cultural nuevo, que fue infiltrándose entre la sociedad indígena. Los núcleos urbanos fueron un medio apropiado para la penetración de la romanidad, favorecida por las élites locales, que buscaban todas las ventajas de las formas de vida romanas, y que, con el tiempo, serían quienes reclamaran también un nuevo status jurídico para sus ciudades, hasta que se convirtieran en municipios.
El proceso de promoción jurídica municipal significaba el cambio a nuevas instituciones, construcciones, organización del culto imperial, todo según modelo romano; las posibilidades de promoción social que la municipalización aportaría a algunos individuos, harían que éstos se convirtieran en fieles aliados que impulsaran el proceso romanizador. Paralelo a este proceso, se observa un mantenimiento de determinadas estructuras indígenas, por ejemplo la onomástica prerromana.
En el siglo II d.C. aumenta el número de hispanos con nombres, indígenas o latinos que rinden culto a dioses romanos, como resultado de un fenómeno de sincretismo que acaba por sustituir muchas divinidades indígenas por otras romanas con las que se identifican.

La ciudad de Toletum era en época prerromana centro de un rico territorio en el valle del Tajo y punto estratégico dentro de las comunicaciones en la Meseta Sur. Por encontrarse en una zona fértil, mantiene su carácter agrícola en época prerromana.
En el año 192 a.C. la ciudad es tomada por M. Fulvio Nobilior, pero este asentamiento indígena se convertirá en municipio en época romana. Ya en época republicana se había instalado una ceca para acuñar moneda. Su importancia se debe a estar situada la ciudad en un  cruce de vías, una de Emérita a Caesaraugusta y otra de Laminium a Toletum.

En el área carpetana el potencial cerealístico debió ser importante, debido al carácter llano del territorio y a las facilidades de irrigación de cursos fluviales como los del Tajo, Henares o Jarama. En 146 a.C. Viriato saqueó la Carpetania a la que se definía como un país rico, al parecer agrícola (con olivos incluidos) ya que Viriato exigió el valor de las cosechas bajo amenazas de destruirlas.




Plinio cita la bellota como principal recurso de muchos pueblos peninsulares cuando escaseaban los cereales, obteniendo una vez molida una especie de pan. Junto a su papel complementario en la dieta humana, no puede descartarse también su utilización en la alimentación del ganado porcino. Su uso viene de la abundancia de encinares extendidos por toda la península.


La miel sería un constituyente de la dieta de los carpetanos, por lo que la apicultura supondría una de las actividades primordiales del poblado; así como la recolección de frutos silvestres.
Las ovejas y cabras suministrarían carne, leche y lana. El caballo sería utilizado por los nobles de las élites prerromanas como símbolo de riqueza y status, además de como medio de transporte.
Debido a los espesos bosques se dedicarían a la caza mayor, jabalí y especialmente el ciervo. En cuanto a la caza menor el conejo y la liebre supondrían una fuente continua de alimento. Y es de suponer que la pesca formaría parte de las actividades para conseguir alimento.

Cerámica carpetana
Los restos cerámicos encontrados en los yacimientos muestran que debió haber contactos e intercambios comerciales. Se ha hallado cerámica griega, de barniz rojo y de tradición celtibérica.
La cerámica carpetana se distingue por la utilización del  torno de alfarero, de pasta clara, anaranjada o rojiza con motivos decorativos pintados o estampillados. Característica es la decoración jaspeada, aplicada a brocha, que pretende imitar la madera. Se hacían herramientas,  adornos y armas de guerra en hierro.    

La vivienda carpetana estaba destinada a ser un espacio tanto doméstico como de producción artesanal. Los carpetanos construían sus edificaciones levantando sobre el suelo un pequeño zócalo de piedras unidas con barro que permitía aislar las paredes de la humedad. Sobre éste se levantaban paredes de adobe o tapial, a veces enfoscadas, en el interior. Las cubiertas de los edificios se construían a base de entramados vegetales que se cohesionaban e impermeabilizaban con arcilla y tierra, y los suelos de las viviendas estaban formados con tierra apisonada. Se han encontrado hogares con fosas empleadas como almacenes, o soportes para estructuras perecederas relacionadas con la molienda, la cestería o el tejido.




Los carpetanos adorarían a varios dioses representantes de las fuerzas de la naturaleza y de la tierra, probablemente con gran influencia céltica. Darían gran importancia a los árboles, bosques y fuentes de agua y, es posible que los consideraran sagrados. Es posible que participaran en rituales para propiciar la fertilidad de los campos, encarnada en alguna diosa principal.

Medusa de Titulcia, Plato de ofrendas

Por las descripciones de geógrafos de la antigüedad los habitantes de esta región vestirían ropas oscuras y ásperas de lana, con las piernas cubiertas de grebas hechas con pelo animal.
En cuanto a los ritos funerarios, se sabe que no enterraban a los muertos, sino que los incineraban en un altar, llamado ustrinum. Después recogían los huesos y los metían en una urna, que enterraban junto a un ajuar. Cuando morían los guerreros, los colocaban en círculos y los dejaban expuestos a los buitres, en la posible creencia de que así se trasladarían al cielo junto a los dioses. A los niños, mientras no hubieran cumplido con los ritos de pertenencia al grupo, se los enterraba bajo el suelo de la casa. 

Reconstrucción de casa carpetana, Miralrío